EL Observador

15:56 hrs. Viernes 05 de julio de 2013 Rodolfo Jiménez Ramírez

Lo que descubrí en el colegio

Hace unos días fui a dar una charla sobre la PDI e Internet Segura al Colegio Francisco de Miranda de Quillota. Este establecimiento educacional es el lugar en que, desde los 12 años hasta egresar de cuarto medio, me tocó realizar mis estudios primarios y secundarios. Han pasado más de diez años de haber abandonado mi vida de colegio y al regresar a mi alma mater a entregar los conocimientos que mi vida profesional me ha permitido obtener, no he podido menos que rememorar aquella etapa de mi vida, que sin lugar a dudas ha sido una de las más maravillosas.

Si bien mis padres, al elegir mi colegio, tuvieron en consideración el prestigio y calidad académica que la institución ofrecía, esperando, por cierto, que obtuviera la formación y conocimientos necesarios para llegar a ser un ciudadano responsable, criterioso, con valores y capaz de ser un individuo útil a la sociedad; mientras exponía los temas a los alumnos, no podía dejar de pensar que junto con conseguir los objetivos ya enumerados, me llevé, tal vez, algo mucho más valioso. En ese lugar que cobijó mis sueños de niño y adolescente, conocí en profundidad uno de los valores más trascedentes de la existencia humana: la amistad. A medida que presentaba los contenidos a aquellos estudiantes, no podía dejar de pensar en todas las aventuras, risas, anécdotas e historias que viví con mis compañeros de colegio. Los partidos de fútbol, la radio en los recreos, los aniversarios en donde nos disfrazábamos y actuábamos interpretando distintas historias y personajes, las canciones, los paseos, las fiestas y las conversaciones con mis compañeros en que soñábamos con nuestros futuros y en perpetuar nuestra amistad. Es en aquella etapa de la vida en que se descubren y experimentan las primeras frustraciones, tristezas, pero también, esta época se encarga de regalarnos nuestros momentos más intensos, alegres e inolvidables.

Todo eso, quizás no estaba contemplado por mis padres a la hora de matricularme en aquel colegio, sin embargo, es ese aspecto de mi etapa colegial lo que más valoro, el crecimiento personal y académico, pero rodeado de amigos, de gente buena que vibraba con mis triunfos y me acompañaba en mis derrotas, que imaginaba mis sueños y se involucraba en mis anhelos y aspiraciones. Tal vez aprendí mucho en el colegio, y me llevé una variedad de conocimientos que me han permitido desenvolverme con total comodidad en la vida profesional, de lo cual no puedo sino estar orgulloso. Pero si hay algo de lo que realmente me siento feliz y agradecido, es de haber conseguido amistades incondicionales que perduran hasta hoy, cuando ya no soy un niño ni un adolescente, sino un adulto con extraordinarios amigos, que los recuerda siempre con mucho cariño y afecto, tanto así, que estas sentidas palabras, se las dedico a ellos.



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