EL Observador

12:51 hrs. Viernes 28 de junio de 2013 Julio Cifuentes Mora

18 años en "El Observador"

Llegué a "El Observador" de casualidad, hace 18 años. Una vecina de la población Corvi de Quillota, se ofreció a llevar mi currículo. Yo venía de regreso después de ocho años en Santiago y se lo pasé casi por inercia.

En la casa de mis papás siempre estuvo el diario. Lo tomaba para leer las breves y ver si había alguna actividad cultural. También leía sobre San Luis y los Avisos Económicos, ya que parte de mi juventud universitaria la financié vendiendo instrumentos musicales que traía de la capital y los ofrecía a través de "El Observador".

Tras la entrevista de trabajo, me dijeron que había una vacante como Corrector de Pruebas. Yo había terminado hace poco la Licenciatura en Letras y me pareció coherente. Hasta entonces mi experiencia laboral se limitaba a clases de teoría de la comunicación y redacción, en institutos de Santiago y Quillota.

Nunca asumí como corrector. A los pocos días me pidieron escribir algunos textos breves, aquellos que para los periodistas o reporteros eran el bocado menos apetecido.

No hay espacio en esta columna para describir lo que ese casual inicio significó en mi vida, tanto personal como profesional.

Conocí el incomparable valor del periodismo local, de escribir y reportear lo que pasa a la vuelta de la esquina, de contar aquello que nadie más cuenta, esos temas que ni a los noticiarios de TV ni a los diarios nacionales les interesa, pero sí a nuestros lectores.

También estuve varios años en radios "Quillota" y "La Calera", tanto en el informativo central como en el querido "Ciudad Despierta", todas las mañanas.

Participé también en la creación de "El Observador" de Aconcagua y viví cinco años en San Felipe por ese maravilloso proyecto. También edité todos los suplementos, los sitios web y más de alguna vez alcé el diario en la planta impresora en alguna emergencia, junto a mis compañeros, quienes por propia voluntad dejaban de lado sus cargos y sus roles formales, para sumirse en la pasión teñida de tinta.

Hace cinco años, junto con estudiar Marketing, asumí la gerencia comercial de la empresa y me di cuenta del gran poder de "El Observador" como vehículo publicitario.

Hoy, 18 años después, me voy de esta empresa que me formó, me acogió y me dio la libertad para crear. Parto por la motivación de un proyecto personal. De lo contrario, nunca habría dejado el contacto con el ciudadano, con los avisadores que confían en nosotros, con lectores y auditores a quienes pertenecemos y nos debemos.

El periodismo local seguirá más fuerte que nunca. Mientras más global es el mundo, más relevancia adquiere el saber qué pasa en la ciudad donde uno vive, ama y sueña. Esa frase no es mía, sino del fundador de "El Observador".

La copio y me la llevo como un estandarte.



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