EL Observador

13:21 hrs. Martes 18 de junio de 2013 Cristián Vila Riquelme

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Cristián Vila Riquelme / Escritor y Doctor en Filosofía de La Sorbona

Tenía pensado escribir sobre los escándalos en la salud perpetrados a diario por los hospitales de Chile y, en general, por la medicina y sistemas de previsión de este largo país de desastres. Luego, por razones de tipo académico (hago clases en la Universidad Central de La Serena y estamos en pleno período de disertaciones, pruebas y demases a pesar de los paros nacionales, marchas y asambleas generales), dejé de lado ese proyecto y pensé escribir sobre cine chileno vinculado a la Quinta Región, pero como suele suceder con los ex, traicioné el proyecto (ya vendrá) y heme aquí hablando de cuestiones más contingentes. Pero, lo sabemos, la contingencia es la que, en definitiva, decide o influye sobre el curso de los acontecimientos que realmente nos importan.

Aquí en La Serena, por su lentitud y su lejanía mayor con Santiasco, tenemos otra visión de las cosas: se puede tomar distancia (que es la única manera de pensar que es, precisamente, tomar distancia) y así observar el acontecer nacional con perspectivas menos acotadas al discurso oficial del mismo. Vemos, por ejemplo, con cierto escándalo cómo las cúpulas políticas continúan estando convencidas que todo se decide en la capital y que pasan a llevar todo lo regional como si el país entero les perteneciera. Aparte que los que hablan de acabar con el sistema binominal y los que están en contra siguen ignorando a los que están fuera de él, en este caso, a los candidatos presidenciales (y que son al menos seis) que no pertenecen a ninguno de los dos conglomerados que se reparten la torta. Y ni que hablar de las "vueltas de chaqueta" que, así como van las cosas, parecen formar parte de la historia política de este país. Recordemos, entre otros, nada más que a Arturo Alessandri Palma o a Carlos Ibáñez del Campo o a Jorge González von Marés: el primero de líder carismático y populista que hablaba de su "querida chusma" y de la "canalla dorada", terminó en la derecha más absoluta y gobernando con los segundos; el segundo de milico putschista y luego dictador, terminó siendo elegido presidente constitucional con el apoyo de una parte de los socialistas; el tercero de nacional socialista (nazi) criollo, gestor del intento de golpe que terminó con la masacre del Seguro Obrero terminó siendo diputado liberal.

Por eso ya nada puede extrañarnos, ni los garabatos o extravíos de la ministra Matthei ni los Escalona ni los Vidal ni ... y mejor no sigo que se me acaba el espacio de esta columna. Por eso, el ridículo "debate" del lunes 10 de junio nos muestra que, una vez más, y como se consigna en "El Gatopardo" todo cambia para que todo siga igual. Como dice don Nica: ¡La izquierda y la derecha unidas, jamás serán vencidas!



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