EL Observador

11:54 hrs. Martes 04 de junio de 2013 Gabriel Abarca Armijo

El optimismo que llegó con la lluvia en la Provincia de Petorca

La semana pasada, mi día partió en San Antonio a eso de las 6 de la mañana, cuando me preparaba para retornar a mis labores reporteriles en la Provincia de Petorca. Lo que me llamó la atención a esa hora fue sentir unas tímidas gotas, casi presagiando lo que se había anunciado con anticipación: las esperadas lluvias en la zona central del país. En ese momento, casi de forma instantánea, crucé los dedos para que el aguacero no solo se sintiera en el puerto, sino también en los secos campos de Catapilco, Pullally, La Ligua, Cabildo y Petorca.

Al llegar a Valparaíso, la lluvia se dejaba caer con mayor intensidad, razón por la cual abordé el bus rumbo a La Ligua totalmente empapado, con la esperanza de repetir esa experiencia, pero en la ciudad textil. A medida que la máquina avanzaba, veía con tristeza que las precipitaciones desaparecían, aunque el cielo permanecía nublado, casi expectante a la espera de una orden divina de soltar las aguas. Al llegar a La Ligua, el cielo seguía intacto, con ganas de llorar, pero sin hacerlo. Seguía cruzando los dedos.

Finalmente, en horas de la tarde las primeras gotas comenzaron a caer, y con incredulidad salí a la calle a comprobar lo que los liguanos ya comentaban en sus redes sociales. ¡Está lloviendo!, exclamaban todos, lo que sin duda me alegraba, aunque seguía esperando noticias del interior. Recuerdo las veces que conversé con agricultores de La Viña en Cabildo, quienes me contaban su preocupación por la falta de lluvia, o el temor de los hombres de campo de Chincolco, que temían perder sus cultivos a causa de la falta de precipitaciones.

Mientras escribía en la oficina, seguía esperando noticias, las que en la tarde llegaron desde Cabildo y Petorca. Recordé las veces que caminé por esos lugares, y su gente me compartía su inquietud por la falta de agua, pero finalmente Dios se acordó de los campos y bendijo la tierra con las precipitaciones. Ese día, cuando caminaba a casa, tomé la ruta más larga a propósito. Quería disfrutar de lo que la gente de la provincia había llamado "la primera lluvia de verdad". Y es que, en comparación con el año pasado, claramente estas precipitaciones tal vez no han sido como las de antes, pero sí por lo menos esperanzadoras.

Para cerrar, y con alegría por la esforzada gente de esta zona que podrá ver con optimismo lo que queda de temporada a la espera de más precipitaciones, me quedo con una frase un dirigente pronunció en una reunión a propósito de la sequía y la falta del recurso: "No deberíamos echarle la culpa a Dios por la falta de agua, porque Él no mandó a robar agua a nadie".



Portadas El Observador


 
 

Casa Matriz
La Concepción 277. Casilla 1 - D.
Quillota, V Región, Chile.