EL Observador

15:43 hrs. Viernes 24 de mayo de 2013 Farid Chalhub Namur

A reír se llama

Los humanos tenemos una poderosa arma, la risa, que nos mantiene alegres, saludables y nos ayuda a ser felices. Como norma habría que huir de los tontos graves que no saben reír y de quienes no entienden una simple broma. Tampoco se trata de reírse del defecto ajeno, eso es burla y crueldad, de ningún modo es alegría. Ningún hombre es feliz si no lo cree así.

Hay quienes lo son bajo un techo, junto a una chimenea, sentado en un cómodo sillón y tal vez bebiendo una buena copa. Para otros esto sería falta de cordura, porque no hay osadía, transgresión, aventura y otras cosas. Otros temen ser alegres y disfrutar de placeres, incluso el sexo, porque les provoca culpa y vergüenza, lo que resulta realmente extraño. Influye nuestra civilizada y cristiana cultura occidental en cuyos tratados hay materias que parecen evitarse deliberadamente, el placer y la felicidad. Nos invitan a ser serios y responsables desde niños, está bien, pero también es cierto que para ser felices son primordiales la alegría, el gozo y el sentido del humor, una de las pocas cosas que valen la pena en nuestra existencia.

Me han dicho, a veces, que he llevado una vida light, fútbol, tango, amigos, charlas de café, y que soy algo despreocupado del protocolo. Me han sugerido que por mi condición de profesional debería ser más formal, con los dos pies sobre la tierra. Les respondo que, con los dos pies en la tierra, no podría ponerme los pantalones, es más fácil con los pies en el aire. Elegí que el humor y la risa me acompañen en lo posible, teniendo cuidado de no reírme en misa, en un funeral y menos en la fila.

Se ha comprobado que cuando reímos el organismo segrega una hormona que aplaca el dolor y entrega una sensación de bienestar. Incluso, hay quienes aseguran haberse curado a sí mismos usando el poder de la risa. Criticamos a algunos países caribeños por sus sistemas socio-políticos, tenemos derecho de hacerlo, pero ahí está lleno de personas que viven lo que llamaríamos una ingenua, sana y cotidiana alegría, tienen una vida plena de sonrisas, canciones, bailes y celebran cualquier cosa, si no hay orquesta, usan un plato y un tenedor. En nuestro Chile, tan perfecto según los que mandan, todos tendríamos (en potencial) la posibilidad de ascender por sobre la condición social en que se nació y así obtener lo que se considera necesario para la felicidad. Siempre que nadie se enferme o tenga hijos estudiando. ¿Queda claro? Para ser felices lo único indispensable es la vida misma. Les aseguro que personas muy felices y exitosas seguirían siéndolo aunque se les despoje de todo, menos de la vida.

Ahora, si preguntan mi opinión, respondo "paso" (y no soy candidato a nada).



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