EL Observador

12:08 hrs. Miércoles 15 de mayo de 2013 Wimper Romero Jara

Coexistir con demencia tipo Alzheimer

El título de esta nota no responde a otra cosa que a una realidad ineludible y a una demanda de nuestros días. Es que el siglo que viviremos está marcado por la presencia masiva de personas de tercera edad y en consecuencia de sus problemas, siendo el Alzheimer cada vez más frecuente.

Se dice que de 10 familias ,8 tienen un ultrasexagenario entre sus miembros, y de esas 6 padecen de un trastorno demencial. Ello ocasiona un estado de desazón que empuja al núcleo familiar a demandar servicios para enfrentar el desequilibrio psicoemocional que eso produce.

Una situación típica es deambular por diferentes consultorios, del neurólogo al psiquiatra hasta que se llega a un geriatra, pero cuando ya es muy tarde. De todos modos, es bueno anotar que aun ahora no hay curación para esta patología y que se hacen esfuerzos considerables por conseguir un diagnóstico temprano a fin de prevenir sus devastadoras consecuencias.

Mantener en el seno del hogar a un adulto mayor afectado significa adaptar todo el entorno físico para que sobreviva en ese ambiente y adaptar los hábitos y costumbres de sus integrantes con el objeto de lograr un equilibrio individual y colectivo. Lo difícil radica justamente en la reeducación que exige la participación coordinada de los habitantes de la casa y esa cooperación no se puede esperar voluntariamente de la parentela.

Reeducar representa un gran esfuerzo personal, espiritual e intelectual de los familiares, en el que debe primar la solidaridad, pensando que mañana posiblemente podríamos ser nosotros los golpeados por la enfermedad. Y además, esa educación implica un sinnúmero de renunciamientos que no siempre se está dispuesto a hacer.

Por eso, las solicitudes de ingreso a los asilos de ancianos son más que considerables. Igualmente, por esa razón vemos muchos abuelitos deambulando sin rumbo cierto por calles y plazas. Efectivamente es agotador asistir a este tipo de enfermos, sin embargo, se cuenta con principios y metodologías para enfrentar su trato que redunda en calidad de vida.

Hoy por hoy, es soportable la cohabitación pacífica con los pacientes de Alzheimer. Y tal afirmación es tan cierta que la industria farmacéutica ha trabajado en ese aspecto entregando productos que si no dan los mismos resultados en la totalidad de quienes lo usan permiten sintonizar los síntomas y hacer equilibrios.

Así las cosas se hacen más llevaderas y permiten una mejor situación del individuo, al igual que un alivio a los parientes que antes sufrían más que el propio demente. En todo caso, se debe recalcar que para alcanzar esta coexistencia armónica hay que partir del reconocimiento del grupo familiar y social de la presencia de la patología sin prejuicios ni dramatismos con el ánimo de enfrentarla con una dosis de humanidad y esperanza.



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