EL Observador

13:51 hrs. Martes 16 de abril de 2013 Wimper Romero Jara

Cómo comunicarse con personas de la tercera edad

La comunicación es una de las formas más extraordinarias de relación entre las personas. Se realiza por gestos, palabras, escritura, miradas, etcétera. Cuando el hombre envejece esta función se va tornando difícil por diversos motivos.

Envejecer significa sufrir deterioro en aparatos y sistemas que ya no funcionan igual que en las cinco primeras décadas. Por ejemplo, para que la comunicación sea efectiva se debe oír bien, tiene que existir un poder de atención al menos de un 85% y conocimientos básicos del lenguaje del interlocutor.

En la tercera edad una parte de ese proceso está con defectos. En todo ultra sexagenario hay una presbiacusia, esto es una disminución de la audición lo que hace que el dato llegue con errores o no se comprenda .Asimismo, en esa etapa la atención es muy volátil, peor si no se escucha correctamente lo que redunda en una menor relación. Y finalmente a nivel cerebral la información mal elaborada conlleva un defectuoso almacenamiento de la misma produciendo en el individuo reacciones contrarias a las originalmente deseadas.

Parecería que la interrelación con los adultos mayores es una confusión constante y que ellos viven un mundo diferente de donde deriva la inmensa distancia entre grupos de edad tan conocida como la brecha de generaciones.

Finalmente, ni lo uno ni lo otro resulta radicalmente cierto .Lo que sí es un hecho incontrovertible es que se presentan problemas en la vida de relación en la colectividad, pero por ignorancia.

De ahí que se deba hacer caso a ciertas reglas de oro para conversar con los abuelitos. Una de ellas es vocalizar correctamente las palabras, vale decir pronunciar exactamente todas y cada una de las letras apegado a la entonación fonética. Otra, el tono debe ser muy elevado, no importa que se tenga agudeza natural en el estilo, pues la generalidad de los casos los mayores se quejan de que los demás hablan muy bajo.

No olvidar que debemos intervenir uno a la vez, para no crear malestar. Tratar de alejarse prudentemente del interlocutor para que su captación sea efectiva. Procurar utilizar la mayor cantidad de gestos que se conozcan porque contribuyen a conseguir el objetivo deseado que es la entrega completa de un mensaje y la asimilación del que lo recibe.
Intercambiar información con personas mayores es un evento de incalculables proporciones en doble sentido. Es una fuente de conocimiento de la historia familiar o local. Es una herramienta baratísima de aprendizaje que hoy las colectividades modernas desperdician por desconocimiento de su valor. Y, por sobre todo es una acción afectiva que no nos debemos ahorrar, pues mañana nos tocará a los adultos de ahora ser los incomunicados del mañana.



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