EL Observador

13:41 hrs. Lunes 08 de abril de 2013 Octavio Villatoro López

¿Qué hacemos con el centro?

Días atrás me sorprendió un concepto que justificaba el desarrollo de los estacionamientos subterráneos, en base a un trabajo efectuado por una universidad privada.

En el manifiesto se hablaba de planificar la movilidad urbana, generar una visión integral que favorezca la calidad de vida de los ciudadanos.

Desde este enfoque, el uso racional del automóvil constituye una cuestión de primer orden dentro de los postulados de toda política de movilidad sustentable, es decir, lograr que la gente camine.

Entendemos que esto significa, en el caso de San Felipe, también desalentar el uso del vehículo en el área central de la ciudad, pero queda la sensación que esa reflexión nadie la ha debatido en profundidad.

Hoy, la preocupación radica en cómo se anula un contrato para que no se construyan los estacionamientos subterráneos en la Plaza de Armas y lo nefasto que ha resultado esta concesión a la fecha.

Esto considerando que no hay ninguna obra asociada que se construirá gracias a los recursos aportados por esta licitación, por lo menos, no todavía. Con la anterior empresa, se habilitó el Teatro Municipal.

Debemos recordar que antes era un cuadrado de hormigón, en el que se efectuaba alguna que otra exposición, una bodega que se transformó en un eje cultural con los años.

A la postre, ha quedado marginada otra discusión que es también vital para el desarrollo de la ciudad, relacionada en cómo se va a descongestionar el centro y lograr que los conductores usen calles alternativas para disminuir los problemas originados en horario punta.

Más allá del daño que provocarían los estacionamientos subterráneos, no se resuelve la crisis de nuestro marginado centro. Quizá debe existir una mirada más crítica, plantear que esta obra se desarrolle en las alamedas y transformar las calles en accesos peatonales, obligando al conductor a usar vías distintas y generar ejes en los cuales circule sólo la locomoción colectiva.

Hoy la estructura de la ciudad se ha modificado riesgosamente, la instalación de supermercados en los sectores poblados, alejados del centro y asociados con otros comercios, entre ellos, farmacias, lleva a que muchos vecinos hoy no tengan necesidad de llegar hasta el centro.

A esto se suma que los propios locales de barrio han potenciado su oferta y permite encontrar de todo en un solo lugar, sin gastar tiempo ni bencina.

La discusión hoy debería estar centrada en cómo recuperamos el centro de San Felipe, transformándolo en un polo de crecimiento comercial y habitacional, que sea más amigable, limpio y seguro, que mire realmente hacia el futuro.



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