EL Observador

10:29 hrs. Martes 20 de septiembre de 2011 Cecilia Castro M.

¿Quién se hace cargo?

Hace unos días conocimos a través del diario la historia de Olga Loncomilla, una esforzada y joven mujer que ha tenido una trayectoria de vida digna de una película. Su niñez estuvo marcada por una serie de sucesos trágicos y su etapa adulta no ha sido mucho más fácil.

Sin embargo, los problemas y pesares no han dejado que Olga decaiga y sólo la convertido en una mujer más fuerte, digna y esforzada. De esta manera ha criado a sus dos hijos, siendo uno de ellos, la pequeña Colombina, una niña encantadora que desafortunadamente nació con ceguera y sordera.

Con el sólo esfuerzo de su madre y de las educadoras especiales de la Escuela Especial Sol y Luna, Colombina ha podido superar poco a poco los problemas de audición, a pesar de que junto a su madre y hermano viven en una choza que está a punto de desarmarse.

El mostrar una historia como esta, no obedece al morbo ni al sensacionalismo. Como medio de comunicación, tenemos el deber de dar a conocer problemas como éste, para tratar de hallarles solución de alguna manera y por eso se espera, que estas historias lleguen a oídos de las personas indicadas.

Y así ocurrió con la historia de Olga. El mismo día que salió publicada comenzaron a llegar al diario muchas llamadas de personas que de una u otra manera querían ayudar a la madre y sus pequeños.

Algunos de ellos realmente lo hicieron y otros se quedaron en las buenas intenciones. Pero la verdad es que quienes realmente deben ayudar a resolver este problema nunca aparecieron.
La pobreza afecta a muchas personas que no pueden salir de ella por más que se esfuercen. El empeño de Olga es extraordinario, pues sabe hacer de todo y hace lo que le pidan. Sin embargo, su tesón y su esfuerzo de nada sirven si nadie le tiende la mano para brindarle la oportunidad que necesita para obtener una vivienda digna para ella y sus hijos y un trabajo para alimentar a sus hijos.

Una historia como la de esta mujer habría hecho que muchos terminaran sumidos en la drogadicción, el alcoholismo o el suicidio. Sin embargo, ella fue fuerte y aunque eligió surgir, el punto es que llega un límite que no puede traspasar sola. Entonces, ¿quién se hace cargo?, ¿dónde encuentra la ayuda que necesita? Porque lamentablemente, Olga es sólo un nombre de muchos que viven realidades igualmente dolorosas de las que no podemos apartar la vista como sociedad.



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