EL Observador

13:54 hrs. Viernes 15 de marzo de 2013 Rodolfo Bickell Dumas

Región del Aconcagua

Rodolfo Bickell Dumas / Doctor en Análisis Territorial - Universidad de Santiago de Compostela

La pregunta que debemos hacernos quienes en algún momento hemos pensado en la conveniencia de crear una nueva región con el objetivo de terminar con las diferencias y desigualdades que nos separan del gran Valparaíso es: ¿qué beneficios reales traería y si realmente contribuiría a un desarrollo más equilibrado de nuestro territorio?

Así, la primera incógnita a resolver es ¿qué territorio debería comprender esta nueva región? En este hipotético caso los territorios serían los correspondientes a las provincias que compartimos el río Aconcagua: Los Andes, San Felipe y Quillota, sumándoles a ellas la cada día más seca Provincia de Petorca (todas comparten una vocación agrícola y minera). Asimismo, seguro deberíamos incorporar la nueva Provincia de Marga Marga, al menos las comunas de Limache y Olmué que están íntimamente ligadas con la Provincia de Quillota.

Por su parte, Quilpué y Villa Alemana integran el Gran Valparaíso y pretender que sean parte de la nueva región pondría los pelos de punta a cualquier experto en ordenamiento territorial pues cualquier manual básico de OT indica que una metrópoli debe tener una sola administración. Pero en este punto es necesario considerar que finalmente se trata de una decisión legislativa y política, por lo tanto la propuesta podría ser que esta nueva región coincidiera con la Circunscripción V Cordillera que también incluye a las comunas de Quintero y Puchuncaví.

La segunda pregunta es: ¿cuál debería ser la capital regional? Sobre este punto es importante que ésta tenga claramente primacía sobre las demás en cuanto a población, servicios y conectividad. Desde ya me imagino la enorme discusión que se produciría entre quillotanos, andinos y sanfelipeños por quedarse con la enorme inversión pública que significaría la instalación de un nuevo Gobierno Regional. Ponerse de acuerdo sería un gran desafío.

Igualmente será un gran desafío enfrentar a los que dirán que esta nueva región sería la más pequeña de todas (territorialmente hablando) y que su población sería similar a la de la Región de O?Higgins y a la del Maule, lo que contribuiría a la atomización territorial y a mantener y acentuar el desbalance frente a la Región Metropolitana.

Pese a esta evidencia no hay que desanimarse ya que lo más importante es aunar esfuerzos de empresarios, políticos, medios de comunicación y vecinos para comenzar a hablar en serio de esta posibilidad, de no ser así, sólo la idea de la Región del Aconcagua surgirá en la próxima campaña parlamentaria para luego ser olvidada por los siguientes cuatro años.



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