EL Observador

11:12 hrs. Viernes 01 de marzo de 2013 Eduardo Osorio

Quillota, país de fantasía

El otoño que se viene galopante entre subidas y bajadas de temperaturas, no fue obstáculo para que Quillota fuera una fiesta...

Las luces brillantes que se elevaban al cielo anunciando que somos un planeta vital, eran un inmenso diamante, y los colores azules y verdes se combinaron en una bandera, mientras los quillotanos esa tarde, se asomaban a sus puertas y ventanas con el morbo en sus ojos de lo cotidiano ante el suceso...

Grandes buses, largos como una carretera depositaban a los venidos de lejos ante el Coliseo...

Diría que el mundo se detuvo en el Estadio Lucio Fariña la noche del miércoles, cuando la Universidad de Chile resignó los puntos ante el caturro.

Jerga deportiva para una columna que pinta al mundo con la paleta de la híbrida vocación que me apasiona de escritor y periodista, y que me hacen conmoverme ante los sucesos, que en este caso mezclan adrenalina, deporte, sangre, sudor y lágrimas, y que encontraron en nuestra mediterránea metrópolis el marco adecuado, ante circunstancias ajena...

Las aceras brillantes de la Plaza, los verdes provincianos de plantas que en este microclima se dan maravillosas, y la gente, la humanidad presente del habitante mitad ciudadano mitad campesino, dieron una lección a los calientes hoolligans criollos, que no respetan ni a su madre cuando se enfrentan...

Al respecto, y hace un tiempo, Orham Pamuk, colega periodista, escribió "nada sorprende tanto como la literatura" en el epígrafe de su Libro Negro. Hoy lo parafraseo, pues la ciudad de las chirimoyas fue un sedante para los ominosos hinchas del Apocalypsis...

Justo cuando las noticias, cámaras y los flashes se centraban en Viña y su Festival, y los micrófonos del mundo tomaban las declaraciones del Papa emérito, dicen, el penúltimo antes del fin del mundo, un embajador moría de cáncer, y tres soldados bolivianos paseaban por las playas de Iquique, decidí sacar mis audífonos, y escuchar por la radio tan universal como la historia, un simple partido de fútbol, y transmitido por las voces locales de relatores maravillados con los equipos que sólo miran por la tele...eso es...y debo reconocer que una vez más mi lúdica aventura de iluso soñador, me llevó al país de la Fantasía, salvo que el miércoles por la noche se llamó Quillota...



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