EL Observador

12:05 hrs. Miércoles 20 de febrero de 2013 Eduardo Osorio

El Comunicador Social

El viejo periodista del diario "del interior", que aprendió el oficio más lindo del planeta entre teletipos, grabadoras de alambre y micrófonos macizos, que deben haber pesado un kilo por lo menos, volvió a la redacción del diario esa tarde dominguera , cuando las piernas le pesaban, las ojeras eran bolsas, y ya no debía fumar por indicación del médico, pero...

En la pared de la ahora moderna oficina no colgaban diplomas... ¿cómo iba a ser eso, si era autodidacta?...¡naranjas!...la decoración era, alguna propaganda en forma de calendario, un premio en cobre repujado, "al mejor de todos", entregado en el patio de una Quinta de Recreo, una noche de viernes sandunguero, y un computador al que puchas que le hizo asco hasta que al Director no le quedó más remedio que jubilar la añeja Olivetti, de la cual deben haber salido miles de noticias salpicadas con la imaginación del astuto "Yimmi" Rivera, el Tito Mundt de Quillota, y una nostalgia que se respiraba.

Bueno, así le llamaban por su afonía nerviosa, pero más que todo por lo caramboleado de sus despachos para la radio, que evocaban a su colega educado en la Universidad de la vida, como después diría Julito Martínez.

Ahora en la soledad del periódico que se había alzado contra el centralismo, y que lo había empleado y reconocido como una reliquia, reconociendo esos 60 años en la empresa, que inaugurara hace unos 85 el padre de don Arturo, su actual jefe, hundió el botón central de la torre, abrió el Word como un adolescente, y se entregó al blanco virtual de la que sería su última columna, que aliñó con ese estupendo aroma de los cigarrillos que fumados con pasión, saben mejor que el Amphora, y que era detonador de una inspiración que se hubiera querido Roberto Bolaño...

Afuera, una de las palomas que nacían y morían en la plaza se albergó ya en el alero apurando el ocaso, y produjo ese arrullo tan provinciano como sentimental, que le atravesó el corazón, cuando empezó a teclear..."Hasta siempre Quillota", mientras una pareja de enamorados caminaba acompasadamente al ritmo de un rap, y una ambulancia de Help se estacionaba en una clínica cercana, sin adivinar sus tripulantes que más tarde que temprano saldrían rumbo al Diario... fin...



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