EL Observador

19:33 hrs. Viernes 25 de enero de 2013 Víctor Delgado Espinoza

De inmadurez, sorpresa y revancha

Debo reconocer que en el colegio, más que informes de notas y personalidad, tenía algo que me acercaba a lo que podríamos llamar prontuario. Es que es difícil ser adolescente, más aun cuando la inmadurez y los sueños predominan por sobre lo que los adultos llaman "pensar a futuro", que va directamente relacionado con la rentabilidad.

Y más difícil aún cuando toda la vida estás en un colegio católico, donde tus compañeros son todos varones y la disciplina sataniza cualquier acto que salga de los cánones establecidos.
Cuarto medio. Matemática rojo tres años consecutivos. Condicional por conducta tres años seguidos. Entrevista todos los últimos jueves de cada mes con apoderado. Reunión de apoderados, por lo tanto entrega de notas. Castigado.

No tenía idea qué quería para mi vida. Prueba de Aptitud Académica, PAA, no pondré el puntaje por respeto a mis padres, que ya lo olvidaron. Créanlo, eso se traduce en daño para los que no son lo suficientemente testarudos y fuertes.

Un día cualquiera recibí un llamado. Era del Instituto Rafael Ariztía, uno de mis ex colegios. Me preguntaron si quería participar en un foro vocacional, para alumnos de primero y segundo medio. "Les dieron mal el dato o la persona que me llamó claramente no era de la generación de la cual egresé", pensé. El tema es que entre risas y sorpresas acepté encantado.

Entre los exponentes estaba el senador antiproyecto HidroAysén, Antonio Horvath, un tipo muy amable y claro en su postura. Lo menciono porque era el plato fuerte; por otro lado estaba una nutricionista, un ex alumno que ahora era hermano marista y yo, periodista.

Hasta que llegó el momento de las presentaciones. "Víctor Delgado Espinoza, 29 años, ex alumno de nuestro colegio, periodista", fue lo mío. 250 niños en el salón, buenos y malos recuerdos. Más buenos, por supuesto.

A los niños no hay que mentirles, así que comencé: "Hoy vengo en representación de los no queridos, de los inquietos, condicionales, de aquellos que les cuesta por un tema de método, no porque sean tontos. Estoy acá por los inmaduros, por aquellos a los cuales se les apuestan las fichas de la mediocridad, a los que son crucificados cada fin de mes. Estoy acá no sé porqué, pero vi en esta invitación una oportunidad para decirles a todos ustedes, incluidos los profesores, que la vida nos da la chance de manejar nuestros tiempos y eso es lo que hay que entender". Saqué aplausos.

El día que los esfuerzos de uno y nuestros padres son valorados, la cosa cambia. Es verdad, hay tiempos y tiempos, por eso existen los perdidos que no entienden nunca. Pero desde la tribuna del ?No Ejemplo?, de los que viven y gozan la vida de otra manera, sin perderme en ningún momento ni vanagloriándome por lo que pasé en colegio, quise contarles que se puede, incluso siendo inmaduro.

Factores hay montones obviamente, y son discutibles; pero cuando terminó la actividad, debo confesar que sentí una alegría inmensa, como una linda revancha, pero con la responsabilidad de seguir creciendo. A los que salieron de cuarto medio, tranquilos, no se desesperen, pero tengan sueños. Siempre.



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