EL Observador

12:28 hrs. Lunes 21 de enero de 2013 Octavio Villatoro López

Erradicación

Las señales nos indican que existe una gran cantidad de comerciantes ambulantes que están preocupados y molestos con la decisión adoptada por el alcalde Patricio Freire, en relación a sacarlos del centro y reubicarlo en otros puntos de la ciudad, es decir, en la zona periférica.

Primero que todo, debemos entender que la condición de errante que tienen no es genética ni algo que les heredó la sociedad porque no hay otras alternativas, sino que es una opción de vida y no un castigo, como se trata de auto demonizar esta ocupación.

El concepto ambulante viene de trotamundos, vagabundo o nómade. No es comercio establecido, no tributa. De hecho, no da boletas por el servicio o bien que presta.
Hasta ahí, es relevante entender el concepto básico para comenzar a reflexionar o discutir sobre los derechos y deberes del comercio ambulante.

Observamos que la actual administración intenta ordenar lo que hoy está desordenado, desorganizado o disgregado no sólo con este sector, sino que en general al interior de la propia municipalidad. Por lo menos, ese es el mensaje que entendemos.

Los gobiernos que llevan adelanten los alcaldes son tan similares al que les corresponde asumir a los presidentes, primeros ministros o a los reyes. Cada soberano o líder tiene gustos y preferencias que destacan entre una y otra administración.

Mientras uno prefiere esto, el otro dará importancia a otras materias. Lo que uno hizo en el pasado no quiere decir que, por añadidura, la nueva autoridad deberá conservarlo o concretar lo que su antecesor prometió.

Si durante el gobierno comunal de Jaime Amar se repletó de ambulantes quizá para enfrentar un problema en particular como pudo ser la falta de empleo, Freire no está en la obligación de seguir respaldando esta medida.

La solución no pasa por entregar indiscriminadamente permisos para ejercer un comercio que es ilegal según la percepción del gremio establecido, más aún cuando vemos que el centro de San Felipe cada vez se deprime más. Hoy, existen sectores de la ciudad que no tiene la necesidad de llegar hasta allá.

Se espera que la actual jefatura comunal ordene lo que antes estaba desordenado y buscará soluciones inteligentes que permitan agrupar, legalmente y lejos de todo clandestinaje, a un grupo de personas que hoy exigen una explicación y apoyo.

Acá no se trata de disparar contra la autoridad de turno y culpar una decisión que está sobre la ley.

Las calles no están para repletarlas de comercio ambulante. Es una vía libre, de grata circulación y no invasiva. Hoy, esquinas y calles están subyugadas a pequeñas tomas de terreno donde el comerciante ocasional ocupa el espacio que quiere.

Tampoco se trata de una medida que vaya a afectar al pobre. Algunos, siempre resaltan su pobreza; la cuestionan y culpan a la sociedad de ello, exigen al gobierno y a los gobernantes que deben solucionarlo; mientras que el ciudadano clase media se la ingenia y se reinventa. Sabe que nada le regalarán.

Lo cierto es que hoy, una parte de los vecinos aplaude o rechaza esta decisión, más que nada porque fueron 20 años que el centro tuvo la misma fotografía, quizá es bueno cambiar y ojala que esto signifique darle el empujón para que comiencen nuevos emprendimiento, pasando de ser un comercio ilegal a uno establecido en pequeña escala, dignificando -por sobre todo- la importancia que tiene el trabajo y las ganas de superarse cada día más.



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