EL Observador

14:07 hrs. Viernes 04 de enero de 2013 Herman Arellano Villarroel

El necesario cobijo de los arboles en la ciudad

Herman Arellano Villarroel / Profesor y Director del Museo Histórico de La Cruz, Presidente Corporación Valle de Chile

Escribo esta crónica de cara a nuestra época veraniega y después del 24 de diciembre, cuando era casi imposible caminar por Quillota por la el ajetreo de Navidad y, por supuesto, el insoportable calor. Pensar en algo de sombra y solaz en medio de tanta vorágine, fue tarea compleja por la total ausencia de árboles en las calles del centro de la ciudad.

Estar al mediodía en la esquina de Chacabuco con Freire, me llevó a reflexionar sobre la falta de árboles de la Capital Provincial, cuyo centro es un árido y deshumanizado espacio de cemento y antiestéticos letreros publicitarios.

Motivos son, por una parte, el poco cuidado que mostramos a la preservación de los ejemplares plantados para sustituir a los ya vencidos por el tiempo, y por otra, está la falta de una política de arborización sistemática, pues al construirse años atrás las nuevas veredas, se eliminaron los espacios dejados para este propósito.

Sin embargo, escapan a esta realidad, la acogedora y hermosa plaza y la vereda oriente de calle O?Higgins, entre Esmeralda y Concepción, en donde es gratificante caminar bajo las verdes hojas, que hacen gala de su mayor hermosura junto con protegernos del calor estival. Que deleite estético caminar a toda hora por la vía mencionada, cuya histórica línea continua de construcción aún mantiene su vigencia y evoca el antiguo plano de damero en que fue fundada nuestra casi tricentenaria ciudad.

Desde la óptica de la Sicología Social, los entendidos sostienen que la presencia de árboles en una ciudad la hacen verdaderamente humana y saludable, tanto por la sombra que prodigan, como por los efectos positivos y motivadores que en el estado de ánimo de las personas tiene el color verde. Y desde la perspectiva de la Biogeografía y la Geografía Urbana, la existencia de especies vegetales permite mitigar la contaminación atmosférica, generando mejores condiciones de vida.

Existen mecanismos políticos y sociales que propician una efectiva arborización urbana, porque plantar árboles es un buen negocio porque genera adecuadas condiciones de vida, contribuye a crear espacios de convivencia social urbana, favorece el turismo y enriquece la vida en comunidad invitándonos a salir de nuestras casas, compartir conversaciones y momentos de sosiego al amparo de una sombra arbórea.

Bien le haría a Quillota la plantación de ejemplares nativos en las calles Prat, Chacabuco, Freire y Maipú, entre otras, además porque este tipo de árboles no requiere riego permanente, es de hoja perenne y raíces profundas que no dañan las veredas.

Para disfrutar un buen verano, no perdamos la ocasión de cobijarnos bajo un árbol y regar aquel ejemplar que tenemos frente a nuestra casa.



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