EL Observador

11:13 hrs. Viernes 07 de diciembre de 2012 Eduardo Reyes Frías

Ley de Pesca con filetes y espinas

Bastante conforme quedó el ministro Longueira el 29 de noviembre, luego que la mayoría del Senado aprobó más de cien modificaciones al proyecto de pesca, con tres meses de intenso debate. Aparte de las posturas políticas, hay pleno consenso respecto a la sobreexplotación, donde el jurel disminuyó desde 2 millones de toneladas a menos de 300 mil en 15 años. A su vez, las merlucitas tipo pejerrey muestran la debilidad de biomasa disponible.

Hubo acuerdo legislativo en señalar la soberanía del Estado sobre los recursos hidrobiológicos, y en tal sentido se validó la creación de los Comités Científicos que en el futuro delimitarán las atribuciones de la autoridad para fijar las capturas máximas y otras medidas ecológicas. Queda pendiente el aporte económico para reforzar la fiscalización y el estudio de los ecosistemas marinos, donde influyen fenómenos oceánicos. Por ejemplo, El Niño.

La controversia se manifestó en las licencias de pesca otorgadas a las empresas por una ley anterior. La propuesta actual era darles continuidad indefinida, como demandan los beneficiarios... Sin embargo, el Senado acordó 20 años, renovables, con la opción de transferir parte de estas licencias a través de "cualquier negocio jurídico", admitiendo el ingreso de nuevos actores. Es un objetivo lejano, en vista del escuálido filete pesquero.

El debate espinudo se focaliza en los "derechos históricos" para participar en las cuotas y zonas de captura en el extenso litoral de Chile y hasta 200 millas de distancia, incluidas las islas de Juan Fernández y Rapa Nui.

La industria, iniciada hace 80 años en el Golfo de Arauco y después en Iquique, marcó un récord mundial con cuatro millones de toneladas de jurel en 1994, compitiendo en "la carrera olímpica". Hoy genera exportaciones y ventas internas de US $ 1.400 millones anuales, en tanto que su flota y plantas procesadoras ocupan 50 mil personas. Al mismo tiempo, las caletas de Arica a Magallanes, mucho más antiguas, registran 80 mil pescadores, con distintos aparejos y embarcaciones. No exportan, pero abastecen el consumo local y venden materia prima a las plantas industriales.

La disparidad de intereses laborales y regionales en torno al proyecto se ha mantenido en las protestas callejeras que llegaron a las tribunas del Congreso. En forma menos visible operan intereses mayores. Además, subsisten críticas a la concentración económica del sector, donde muy pocas empresas dominan cerca del 90 % de la pesca, con nombres que se repiten.

Finalmente, todas las divergencias deberán ser zanjadas por una Comisión Mixta de diputados y senadores, antes del Año Nuevo, teniendo en cuenta que el ministro Longueira también podrá formular sus últimas indicaciones.



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