EL Observador

10:59 hrs. Martes 20 de noviembre de 2012 Renato Achondo Pizarro

¿Desastre Computacional?

La semana pasada un cajero de banco me entregó 600 mil pesos de más. Esta semana en otra institución financiera tuve una anécdota menos atractiva. Concurrí a la sucursal de un conocido banco a cambiar un cheque para el pago a los operarios de una casa que construyo a un empresario viñamarino. Mi cliente me había hecho un traspaso electrónico el día anterior, giré el cheque y concurrí con el constructor encargado de la obra a cambiarlo, hicimos la fila y cuando llegó mi turno entregué el cheque al cajero. Revisó detalladamente el documento, golpeó con apuro su teclado y observó concentrado la pantalla, se levantó sin decir nada, fue donde el jefe de cajeros y observaron concentrados ahora ambos, otra pantalla un poco más grande.

Volvió a la caja, se acomodó en su taburete móvil y me dijo con fingida seguridad:

-Va a tener que ir a la otra sucursal señor, en esta no tenemos esa cantidad.

-Es un cheque de solo nueve millones, está usted bromeando, le contesté sonriendo.

-Lo siento, pero no tenemos esa suma en esta sucursal señor, voy a avisar a la otra oficina para que no tenga que hacer la fila.

Me aprestaba a pedir hablar con el agente y armar un pequeño escándalo cuando mi acompañante me dijo al oído: "Acuérdese jefe que son los mismos que a fines del mes pasado no pagaron los sueldos por un `error computacional´, vámonos rápido mejor".

Por el camino entre Reñaca y Viña del Mar, preocupado por el dinero para pagar los trabajadores, pasaron mil películas por mi cabeza: Lo del error computacional a lo mejor es una chiva y la verdad es que no tienen plata. Como están complicados en España y estos gallos vienen de allá, no voy a poder pagarles a mis maestros. Me van a hacer una huelga golpeando palas y chuzos en el elegante barrio de Bosques de Montemar donde está la construcción y quizás se tomen hasta la calle.

Estacionamos con dos ruedas sobre la vereda en la puerta de la sucursal Coraceros, el jefe de obra que me acompañaba se quedó al volante (no había estacionamiento), me bajé apurado y me presenté ante el primer cajero que vi desocupado. -Vengo de la sucursal Reñaca, allá no tenían plata, me dijeron que cobrara el cheque aquí-, el cajero no me miró sorprendido, parece que yo no era el primero que llegaba desesperado temiendo otro "desastre computacional".

Me pagaron el cheque y pude pagar los suples de la quincena, pero el susto que pasé, me lo debieran indemnizar también, como lo harán con los afectados de fines del mes pasado.



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