EL Observador

13:32 hrs. Viernes 16 de noviembre de 2012 Marco López Aballay

Literatura fantástica

Lo que me gusta de la literatura fantástica es la "libre interpretación" que le podemos dar a los hechos. En ese sentido, me parece acertado lo que expone Emir Rodríguez Mónegal, en su libro "Narradores de esta América", cuando aprecia la fantástica visión de Borges en la mayoría de sus creaciones, el cual aparentemente se "aleja" del mundo "real", pero si lo leemos atentamente, nos daremos cuenta que en sus relatos, éste se enfrenta a una realidad "metafísica" mucho más profunda y compleja, donde sus personajes (algunos, en ciertos cuentos) fluyen entre lo increíble, lo imposible y absurdo, pero es en esos terrenos en donde lo fantástico busca una respuesta al caos universal, la cual, aparentemente, permanece oculta en las profundidades de la denominada "realidad".

En las disposiciones misteriosas de la profundidad ¿quién es de veras zar, quién es rey, quién puede jactarse de ser un mero sirviente?, nos lo plantea León Bloy en uno de sus notables relatos fantásticos. Pero son muchos, y seguirán siendo muchos más los que se adhieran a la cadena de esta corriente de preguntas y respuestas sin finales ni certezas, pues ahí, en la incertidumbre es en donde continúa el sendero de lo ficticio, ese límite entre ambos universos (tanto real como fantástico), esas múltiples capas que nos hacen nadar y crear, presumir y dudar. Eso creo, es lo que nos mantiene vigilantes ante la creación literaria y la lectura. Aunque ambas son lo mismo, ambas se necesitan, se retroalimentan constantemente y conforman un mismo plano.

Podríamos seguir enumerando muchos ejemplos de los expositores de la literatura fantástica; Carlos Fuentes, Elena Garro, Juan Emar, Alejo Carpentier, Julio Cortázar, Juan Rulfo, voces principales de un universo literario mucho más amplio de lo que imaginamos. Empezando, por un lado, con lo mitológico de Fuentes, a lo fantasmal y absurdo de Rulfo. Pero de eso se trata, de moldearnos a lo que más nos inquieta, pues eso conforma el sentido y la plataforma inicial para futuros viajes hacia otros planetas.

Existen diversos elementos que hacen atractiva la literatura fantástica. Por una parte está el "vuelo", la amplitud en el uso del lenguaje y componentes que traspasan las barreras de lo "real", conduciéndonos a otro plano. Acercándonos al átomo interno, a miles de metros de profundidad, o por el contrario, abandonándonos a las alturas de cosmos en un tiempo indefinido. Un paisaje novedoso, desconocido, creado y destruido por la mano del pequeño dios, pero que indudablemente "trasciende" con el paso de los años.

En fin, me gusta la creación al límite de la imaginación, como un mago ciego, dando brincos y pasos en la oscuridad -o en la claridad- de un territorio imaginario.
Cuestión de gustos, de panoramas, en medio de tanta palabra esparramada en la biblioteca de nuestra conciencia fantástica.



Portadas El Observador


 
 

Casa Matriz
La Concepción 277. Casilla 1 - D.
Quillota, V Región, Chile.