EL Observador

13:10 hrs. Viernes 09 de noviembre de 2012 José Ramón Toro Poblete

A propósito del Mes de María

José Ramón Toro Poblete / Profesor - Liceo Max Salas Marchán

Los cristianos católicos, el 8 de noviembre, iniciamos la celebración del Mes de María, que nos permite profundizar en la inmensa riqueza de la mujer y, en sus más amplias y profundas dimensiones.

Es un mes que nos dejamos envolver por el amor materno de la Madre de Jesús, ¡La Madre de Dios!

A propósito de lo anterior, el año pasado, fue presentado un diccionario toponímico del Valle del Aconcagua por el sicólogo e investigador Eduardo Torres, en conjunto con lonkos de la zona, me permitiré transcribir en forma literal parte de éste, en lo que se refiere a la mujer.

"Domo del mapudungun Zomo, no significa literalmente mujer o lo femenino, sino que más bien el instrumento o medio por el cual se accede al más, a lo mayor".

"Habría que asumir entonces que lo femenino en la cultura mapuche representa el medio que posee la naturaleza para acrecentarse y mejorarse a sí misma (...) ella es la que despierta al hombre, lo prueba y le exige perfección".

"Aquí la mujer es cuenco que se adosa y envuelve el germen, proporciona células a la intención masculina, casa a la idea, materia al proyecto, tierra al cielo, hogar al espíritu, útero a la sabiduría".

"El mismo concepto de Domo, encierra la idea que solo a través de ella se accede al ser absoluto y a la perfección, pero para entender esta trascendental cosmovisión indígena debemos saber por qué wentru (hombre) significa el que cayó o bajó del cielo (wenu) y se golpeó la cabeza (trunq) quedando aturdido y para cumplir su misión divina el wentrunq (hombre embotado por caer del cielo, pero de cabeza), debe encontrar y estar con su domo, con aquella salvadora que lo despierta".

Todo lo anterior son textos extraídos de las páginas 91 y 92 de la obra citada.

Por otro lado, en la cultura griega, dos realidades son inseparables: el Eros y el Logos. El Logos o pensamiento, es estéril, sin forma ni dirección sin el Eros.

Es decir, sin la presencia de lo femenino, el principio masculino queda herido y la calidad de vida se deteriora. Cuando lo femenino no es reconocido, no tiene lugar la vida.

En la Polis (ciudad) griega, cuando el Eros no se toma en cuenta, las estructuras sociales y psíquicas se desequilibran dando paso a políticas absurdas donde el pensamiento, el juicio y la racionalidad se constituyen como los factores determinantes.

Hoy, la mujer y lo femenino ya no se puede limitar a la sensibilidad, la pasividad y la maternidad. Todas tienen una capacidad creadora y transformadora, deben asumir su diferencia con el hombre, en lugar de identificarse con éste, imitarlo o combatirlo.

Aunque a muchos pueda incomodar, me atrevo a escribir que, el hombre en el campo de la política chilena, acude al regazo, inteligencia, carácter y seguridad de una mujer para esgrimirla como una candidata exitosa y triunfante en las próximas elecciones presidenciales. Me refiero a Bachelet.

Por un lado, esto habla bien del hombre de la política, que es capaz de reconocer estas virtudes en una mujer y, por otro, su gran inseguridad e indefensión coyuntural en el campo político, olvidando que cada ser humano tiene su oportunidad y que, ella, la tuvo y lo realizó muy bien.



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