EL Observador

10:29 hrs. Miércoles 31 de octubre de 2012 Cristián Vila Riquelme

Lecciones de una elección

Cristián Vila Riquelme / Escritor y Doctor en Filosofía de La Sorbona

Yo estaba entre los que consideró "no prestar el voto" y que el voto voluntario aporta mucho más a la democracia de lo que creen los politicastros de siempre. Es más, algo así fortalece un proceso democrático más que debilitarlo. Cuando el emperador anda desnudo por ahí y todos le aplauden el traje nuevo, ahí sí que la cosa está grave, por eso la maravilla es aquel infante que les grita a todos "¡el emperador va desnudo!".

Me tocaba esta vez votar en La Serena. No tengo nada contra Roberto Jacob (enhorabuena que haya ganado con el 70%, ahora hay que ver cuán receptivo es a los proyectos de la gallada que ponemos todo para que las cosas cambien y vayan en buen camino) pues no lo conozco, pero a mí me interesaba votar por el antiguo alcalde, Raúl Saldívar, a quien sí conozco. Es más, como recién llegado a esta hermosa ciudad, no sabía nada de los concejales, ¿a quién, seriamente, podía darle mi voto? Y si hubiese estado en el Horcón, no me cabe duda que, si me hubieran convencido de ir a votar, lo habría hecho por Rodrigo Vicencio como alcalde y, posiblemente, por Dante Letelier como concejal, por ser un artesano del Horcón.

Es más, en Providencia, claro que sí, habría votado por doña Josefa con tal de echar a ese fascista impresentable y repudiable de Labbé. En el resto, no sé, porque estar entre una derecha extrema y una derecha centrista, o entre un neoliberalismo a ultranza por otro más moderado, no me convence en absoluto. Por ahí escribí en Facebook: Si el voto ayudara a cambiar algo, de seguro sería ilegal. Tengo una vasta experiencia en eso, si por ahí hay algún suspicaz que me enrostre comodidad o irresponsabilidad por no haber ido a votar, como suele ocurrir todavía en este rebaño que sigue creyendo en la "responsabilidad cívica" y en "quédate callado si no votaste". He votado muchas veces, he sido generalísimo de campañas, he sido apoderado de candidatos en alguna de las mesas de votación, he estado entre los que hizo puerta a puerta para la segunda vuelta de Bachelet (y con éxito), pero también he estado entre los que anularon el voto en la segunda vuelta de las últimas presidenciales, después de haber emitido un voto simbólico con Arrate en la primera.

Por eso, lo que me gusta de todo esto, es la desazón y el pánico de la clase política. Creo que es sano que se sepa cuántos no votaron, así se sabe el rango de verdadera representatividad de nuestros "representantes". Los dictadores, en general, cuando hacen votaciones, ganan con el 90 o 99% de los votos y con una participación (para que no haya dudas), del 90% de la población. Por eso, si hay algo que celebrar de la democracia chilena, es que por primera vez, sabemos dónde están los que están y quiénes son los que son. Vale.



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