EL Observador

10:18 hrs. Martes 16 de octubre de 2012 Eric Alarcón Cofré

Pan y circo

En tiempos de la república romana, los aspirantes a tribunos de la plebe habían encontrado la manera más segura de lograr ser elegidos, algo que ya en la época imperial, en pleno siglo I d.C., haría escribir al poeta Juvenal estas sentidas líneas: "Hace ya mucho tiempo, de cuando no vendíamos nuestro voto a ningún hombre, hemos abandonado nuestros deberes; la gente que alguna vez llevó acabo comando militar, alta oficina civil, legiones, todo, ahora se limita a sí misma y ansiosamente espera por sólo dos cosas: pan y circo".

Esta frase la utilizó para criticar la costumbre de los emperadores romanos de regalar trigo y entradas para los juegos del Circo (y después del Coliseo), como medio de ganar poder político a través del populismo. Si el poeta viviera hoy, se sorprendería de la parafernalia eleccionaria que nos sacude en estos días: Grandes afiches con frases que harían quedar a sus sátiras como versos para niños y que afean el entorno de nuestras ciudades, presentaciones musicales donde el candidato que tenga a los mejores artistas se lleva el voto, faranduleros que se cansaron de ganar plata en la TV y quieren intentarlo en el servicio público y otras triquiñuelas para captar la atención del elector.

Pero no tan sólo los que postulan a un cargo político son criticados con estas palabras del poeta: los ciudadanos, aquellos que han abandonado sus deberes cívicos, también tienen parte de culpa por aceptar que los seduzcan con sonrisas y regalitos con el nombre de tal o cual candidato. Y no existe esa conciencia crítica para exigir debates en donde los postulantes expliquen sus ideas, ni tampoco la capacidad de informarse sobre lo que prometen. Entonces, se hace realidad la cruda sentencia de tener a los políticos que nos merecemos, porque sólo nos quedamos con los voladores de luces que pregonan los nuevos tribunos y no con lo más importante: saber cuáles son sus verdaderas intenciones. Y hablando de candidatos, el poeta se llevaría una sorpresa al saber que los candidatos ya no visten con togas blancas (candidatum = vestido de blanco), sino que aparecen coloridos, risueños y con caras de ser los más aptos para regir nuestros destinos políticos.

Pero también la frase es utilizada cuando los gobernantes quieren distraer la atención de la opinión pública de los grandes temas. ¡Que vengan el fútbol, los reality show y otras estupideces a ocultarnos lo que pasa en el país! Hasta las grandes tragedias y catástrofes son utilizadas para subir la imagen, si no, pregúntenle a los 33 de la mina San José.
¡Cuánta razón tenía Juvenal! La forma más fácil de llegar al poder es ofreciendo ayudas de las cuales muchos se aprovechan; y de entretenimiento que sólo sirve para adormecer a los votantes. La consecuencia más nefasta que puede ocurrir es que cuando se acaben el pan y el circo, no habrá más que ofrecer, ahondando el desprestigio que la clase política carga a cuestas, como un dudoso honor.



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