EL Observador

10:08 hrs. Viernes 05 de octubre de 2012 Marco López Aballay

Plataformas en las que se sostiene el oficio literario

Entendiendo el oficio literario como un ejercicio, cuyo método es la escritura, el cual implica varios elementos que mantienen una actitud creativa frente a lo que nos rodea, nos damos cuenta que en este proceso están involucradas dos plataformas que sostienen el oficio literario.

Primero la Plataforma Emocional; especie de estímulo que la mayoría de los escritores sienten frente al impulso de crear. Son las emociones que obedecen a ese ?cerebro? que podríamos definir como corazón; llorar, reír, sentir. Vibrar en la lectura de un poema o cuento, independiente de su complejidad, nos indica que el texto logra un objetivo básico: atraer al lector, atraparlo y hechizarlo frente al pequeño discurso.

Lo mismo cabe con respecto al creador. Tal vez esa es la clave en la sintonía que se da entre escritor y lector, un vínculo mágico que explora en las profundidades de eso que llamamos alma. Y hay muchos escritores que creo, logran sostenerse de manera notable en esta plataforma; María Luisa Bombal (onírica, poética), Guillermo Blanco (sensible, doloroso, en confrontación con el peligro), Gabriel García Márquez (entendiendo el ?realismo mágico? como un flujo de emociones; alegría, magia, sentimiento), Alfredo Bryce Echenique (ironía, inocencia, bondad), Ernesto Sábato (me refiero a ?El Túnel? donde la sensación de abismo y abandono son la columna vertebral de la obra), Nicomedes Guzmán (notablemente humano), José Saramago (profundo, sensible, soñador), Jorge Tellier (nostálgico, triste).

Por otra parte, está la Plataforma Racional, referida al ejercicio de escribir, en la cual confluyen factores muy diversos tales como el conocimiento específico de lo que se está escribiendo, recursos literarios (juegos de tiempo, voz narrativa, estructura del texto), lenguaje.

En esta órbita podríamos consignar a escritores de por sí cerebrales, cuyas obras por lo general son difíciles de comprender en su totalidad. Ejemplo de ellos son Jorge Luis Borges (universal, su escritura es multicultural, con técnicas de narrativa muy complejas), Enrique Lihn (lenguaje complejo), Juan Emar (textos con juegos de tiempo y fantasía desbocada), Vicente Huidobro (el lenguaje como instrumento que nos abre a universos de creación constante), Julio Cortázar (lenguaje único, técnicas de narrativa insuperables), Franz Kafka (universal en el sentido humano).

Los escritores se ubican en alguna de estas dos plataformas, habiendo muchos que transitan por ambas. Lo fundamental es que el escritor posea una actitud honesta frente a la creación literaria, a partir de esa honestidad es que se logra la fidelidad al ideario trazado, a nuestros deseos, a nuestro universo imaginativo y a nuestra cosmovisión, única e irrepetible.

Me parece que en esta honestidad radica una verdad absoluta y que revela la grandeza de todo escritor, local o universal.



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