EL Observador

11:59 hrs. Viernes 07 de septiembre de 2012 Gustavo Rodríguez Catalán

La "casa estudio" del Rotary Club

Recibí burlas el viernes pasado cuando anuncié en Facebook que me enclaustraría todo el fin de semana. Las bromas apuntaban a mi presunto ingreso a una orden religiosa e incluso a una escapada romántica de dos días a puertas cerradas. Algo de verdad había, porque viví un momento muy espiritual y que resultó bastante placentero.

El sábado ingresé a un hotel junto a otros siete profesionales de los más diversos ámbitos. ¿Qué puede esperarse de una cabaña -especie de "casa estudio"- donde convergen dos ingenieros, cuatro profesores, un psicólogo y este periodista? Mínimo, una revolución.

Esta heterogénea mezcla forma parte del programa Intercambio de Grupos de Estudio, IGE, del Distrito 4320 de Rotary Club. Sin ser rotarios, fuimos propuestos por clubes desde Punitaqui hasta Viña del Mar y nos preparamos para viajar en enero a la India. Todo lo paga Rotary, porque no son vacaciones, sino una instancia para generar lazos entre profesionales y clubes rotarios de ambos países, que permitan cuajar proyectos que ayuden al bien común en nuestras comunidades.

Quizás éste sea uno de los programas menos conocido de Rotary, la ONG más grande del mundo, con un millón 200 mil socios. Su labor benéfica se extiende también a Chile, con campañas sanitarias, intercambios profesionales, apoyo a proyectos comunitarios y un especial énfasis en el desarrollo de la infancia.

Un dirigente comentó que se les ve "como un grupo de viejos con plata que se juntan a comer". Sin embargo, bastó un par de presentaciones en Power Point para darnos cuenta que la labor que esta organización desarrolla en todo el mundo es fundamental para cualquier gobierno, con un poder de trabajo y gestión que pocas entidades tienen a nivel global. Y lo más importante, en silencio y sin colores políticos ni religiosos.

Luego del claustro, además de hacer siete grandes amigos, comprendí que el sólo hecho de juntar a un grupo de profesionales -de distinto origen y experiencia- puede ser la chispa que encienda un gran fuego. Y quizás ese sea el gran valor de Rotary: entregar herramientas para aunar voluntades que, como ellos dicen, "hagan girar la rueda".

Por ese sino del "casi casi" que me ha acompañado toda la vida, quedé de suplente para el viaje. Sin embargo, agradezco la experiencia y en especial a mi club Quillota, por permitirme trabajar junto a este grupo de "elegidos" a partir de su bondad, talento y capacidad de trabajo. Y me tomo la libertad de invitarles, sin ser rotario, a que conozcan Rotary. Se van a sorprender.

Buen viaje a nuestro líder Humberto y a los amigos Andrea, Natalia, Claudio y Christian. Y para el líder suplente, Jean y mi compañera en la fila, Rosemarie, a seguir perseverando y a no perder el contacto.

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