EL Observador

17:21 hrs. Viernes 17 de agosto de 2012 Claudia Ulloa Araya

¡Exijo una explicación!

A muchos les ha sucedido que cuando comienzan a sucumbir ante las responsabilidades de la vida, se encuentran con situaciones inexplicables. Es lo que me aconteció una vez en que quise independizarme en el consumo de mi teléfono móvil, pues la cuenta estaba a nombre de mi santo padre y cansada de que cuando quería hacer algún cambio en el plan, tenía que llamar él, acordamos traspasar el celular a mi nombre.

El inconveniente ocurrió cuando acudí a la sucursal de la compañía de celulares en Quilpué, la ejecutiva comenzó a pedirme una serie de documentos que supuestamente iban a darle tranquilidad a la empresa de que yo sería capaz de cancelar mi cuenta, aunque ya llevaba un par de años haciéndome cargo de este gasto. Tras estudiar mi caso, decidieron que yo era un cliente que no cumplía con las condiciones para ser titular de la cuenta y de un simple contrato por un celular, entre las cosas que se me pedían era tener una cuenta antigua en una multitienda.

Pero yo soy de la vieja escuela, me niego a vivir con el sistema del crédito y del dinero plástico, cuando necesito algo o quiero comprarme algún producto, ahorro y guardo el dinero bajo el colchón, tal como lo hacían mis ancestros. Quizás usted piense que soy retrógrada, pero lo prefiero así, de esta forma vivo tranquila y feliz, sin nadie que me llame para saber si quiero algún producto financiero o porque les debo dinero.

Mi molestia por esta discriminación fue tal que cerramos la cuenta, pensando que otra compañía me aceptaría, aprovechando que en la Ciudad del Sol las sucursales de las empresas de teléfonos móviles están todas juntas. Pero resulta que no, todas las comparías tenían las mismas reglas. Lo que me hizo cavilar, en todas aquellas veces que ejecutivas bancarias iban a mi escuela de periodismo a ofrecerme cuentas corrientes sin que yo hiciera ningún esfuerzo, aunque no estuviera trabajando, prácticamente botaban las oportunidades de tener una línea de crédito. Siempre pensé que esta era una irresponsabilidad, de tentar a los estudiantes que con suerte teníamos 1000 pesos en la billetera y que siempre necesitábamos dinero. Miles de veces pensé en hacer el ejercicio periodístico de escribir sobre lo fácil que es encalillarse en Chile, sobre todo si se es estudiante.

Si alguien me pudiera revelar por qué es tan fácil obtener una línea de crédito y tan difícil conseguir un plan de celular, sería muy feliz, porque por más que lo converso con mi almohada no logró concebir, si tener una cuenta corriente es de mayor responsabilidad que poseer un celular, por mucha modernidad que el modelo tenga. Estoy como mi gran amiga Mafalda, el personaje del dibujante Quino ¡Exijo una explicación!



Portadas El Observador


 
 

Casa Matriz
La Concepción 277. Casilla 1 - D.
Quillota, V Región, Chile.