Ya es una tradición de que el mes de agosto está reconocido como el mes de la solidaridad. Esto después de que San Alberto Hurtado fue reconocido como el primer activista de las oportunidades para los pobres en este país. Fue un desafío que remeció a la clase empresarial de la época y aun mayor cuando la propia familia del santo pertenecía a esa clase de gente acomodada y culta.
En ese momento, sencillamente no se pensaba en las personas en forma empática, aun cuando muchas mujeres de la clase alta trabajaban incansablemente por apoyar a esa gran cantidad de pobres que sobrevivían en barriadas de Santiago y otras grandes ciudades.
Lamentablemente en esa época no todos comprendieron la forma en cómo Alberto Hurtado reclamaba los cambios.
Sin duda fue un gran adelantado a lo que estamos viviendo hoy día y como han cambiado las cosas cuando el apoyo a las comunidades y los programas de responsabilidad social se han convertido en el pan de cada día de las empresas, instituciones, municipalidades y derechamente el estado.
Hoy por hoy, quienes trabajamos inmersos en el mundo de la necesidad y conscientes de que aun tenemos en este país más de dos millones de pobres, también vemos la mejora que año a año se genera y nuevas oportunidades para los más pobres a través de los programas estatales. Esto más allá de la Casen y de la forma de medición es una realidad a la vista.
Sin perjuicio de lo anterior, la articulación social aun tiene mucho espacio que conquistar, el cambio cultural nos debe llevar a respetarnos más en nuestras diferencias, también a respetar nuestro entorno y medio ambiente, nuestras diferencias legítimas, nuestras obligaciones como ciudadanos y partícipes de una comunidad, etc.
Constatamos un gran esfuerzo del mundo privado y estatal para sacar adelante una serie de iniciativas -muchas de ellas desconocidas por la ciudadanía- en beneficio de las comunidades más pobres, casas de acogida, hogares de ancianos, hogares de menores, comunidades terapéuticas, etc.
Que este mes de agosto seamos capaces de reflexionar en torno al mensaje real de San Alberto Hurtado que se atrevió a dar un gran paso en contra de su propia gente para sacar adelante un cambio social que cambio la historia del país.
Aprovechemos de saludar a aquella gran cantidad de voluntarios, fundaciones, corporaciones, agrupaciones e iglesias que se suman esta enorme red de ayuda solidaria que funciona exitosa y silenciosamente durante todo el año en beneficio del prójimo y que indudablemente harán de este un país más sustentable.