EL Observador

10:46 hrs. Martes 16 de agosto de 2011 Anita Solari

Cuando recuerdo, me duele

Anita Solari / Licenciada en Filosofía PUCV

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Es curioso como el ser humano puede recordar algunas personas u acontecimientos más que a otros. ¿Qué cosa le lleva a seleccionar dentro de la gama enorme de situaciones y experiencias? Se dice que re-cordar es volver a pasar por el corazón, motivo por el cual si bien es cierto el corazón es un órgano que late y permite que la sangre circule por nuestro organismo a manera de una bomba, muchos le atribuyen el lugar privilegiado de los sentimientos, aunque los antiguos romanos y griegos, pensaban que el corazón (cordis), no era la sede del sentimiento sino del pensamiento, situando al cerebro en el lugar físico del corazón. De ahí la palabra concordia o discordia, con pensamiento o sin él. Así, recordar seria volver a pasar por el corazón, es decir, por la mente.

En todo caso, en el recordar hay grados de emocionalidad adheridos a los recuerdos y es por eso que cuando me recuerdo puedo sentir placer o dolor. También se dice que el cuerpo, los músculos tienen memoria. El organismo es un todo, mente, cuerpo, alma, formando lo que soy, es por eso que cuando recuerdo algo placentero, todo en mí parece gozarse, y cuando es algo doloroso todo en mí duele. ¿Qué duele cuando recuerdo? Decimos, me duele al alma, como si el alma funcionara en forma separada, o me duele el corazón, en el pecho como algo que me aprieta. Pero todo es cuestión de interpretación del hecho o situación. Diferente es cuando nos golpean físicamente, al dolor físico le agregamos un dolor psíquico, y ahí nos duele el lugar del golpe y además el alma, o si nos golpeamos en forma casual, y ahí sólo nos duele el lugar del golpe y nos quejamos por ser tan distraídos o poco preocupados. Hay aquí más bien un reproche que no va más allá de un cuidado en poner atención.

Ahora bien, lo importante del recordar es aprovechar ese recuerdo en beneficio propio, en algo que dé frutos y que ayude a desarrollarse como persona. Quizás sea el momento de reflexionar acerca del por qué me duele cada vez que recuerdo. Tal vez concluya que hay una falta de perdón enorme que no me permite ser feliz. Soltar, desapegarse de los malos recuerdos, de las personas dañinas, o aceptar personas o situaciones que no puedo cambiar, cambiando aquellas que sí puedo y descubrir la gran diferencia que hay entre las dos. Hay veces que es mejor tener mala memoria para aquello que no merece ser recordado. Pero, si a usted cada vez que se recuerda, le duele, es probable que aún no haya perdonado o no se haya perdonado.



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