EL Observador

16:17 hrs. Viernes 13 de julio de 2012 Natalia Chinchón Zurita

Se suponía que las tareas se harían en el colegio

Hace algunos años atrás se instaló en Chile una Reforma Educacional que entre sus transformaciones incluía la extensión de la jornada escolar, el "tiempo escolar" se incrementaba, con el fin de aumentar la equidad y la calidad del aprendizaje, ya que suponía que si los estudiantes permanecían más tiempo en el colegio, soslayaban las diferencias en los recursos de origen, tendrían acceso a apoyo tecnológico y bibliográfico y además podrían permanecer en la escuela, disminuyendo el riesgo de que los niños y niñas estuvieran más tiempo de lo necesario sin la presencia de un adulto o derechamente el tiempo libre lo utilizaran en la calle.

Esto no significaba, en ningún caso, al menos en teoría, un aumento de horas de Castellano (en aquella época, hoy Lenguaje) ni Matemática porque la idea última era que en este tiempo, los estudiantes pudiesen tener talleres deportivos, formativos, artísticos, musicales y que pudiesen realizar sus tareas y trabajos bajo ese mismo alero.

Quince años después vemos, no con poca sorpresa cómo han aumentado las horas de Lenguaje y Matemática, en detrimento, en algunos momentos, incluso de horas de Historia, Ciencias Sociales, Educación Artística y Deportiva, sin que por ello podamos hablar todavía de equidad en educación, ni mucho menos de mejoras en la calidad.

Tampoco los estudiantes concluyen sus deberes en la escuela, y lo que es peor, después de estar ocho horas en el colegio, llegan a sus casas con muchas labores escolares, entendiéndose todavía la función de la tarea desde la perspectiva conductista, como reforzador de contenidos, sin haber realizado la modificación paradigmática hacia el constructivismo, para entenderla así, como una situación que propenda a la autonomía del estudiante.

¿Qué consecuencias ha tenido la implementación de la Jornada Escolar Completa? Quizás la más llamativa y sentida, aunque no por eso más visible, sea el agotamiento, el cansancio de estudiantes, maestros y padres, quienes parecen tener la imposición de girar en torno a la institución Escuela y a la función de estudiante, apoderado y docente.

Así, la vida de estos agentes sociales se transformó en un ruedo sin descanso, donde el niño deja de lado su interés más natural: el juego, por responder a su rol constante, el de estudiante (muchas tareas, mediante) donde los padres dejan de lado su función normativa y contenedora para responder al rol de instructor de lo que la escuela en ocho horas al día no ha alcanzado a hacer y donde el maestro dejó de disfrutar de la enseñanza porque después de ocho horas al día con estudiantes, en su hogar aún le queda mucho trabajo escolar por realizar.

Se suponía que las tareas las harían en el colegio y eso, sin duda, que permitiría más tiempo para la vida familiar, para el juego y para el ocio, hoy ninguno de los protagonistas de la Jornada Escolar Completa podría decir que aquello se cumplió.



Portadas El Observador


 
 

Casa Matriz
La Concepción 277. Casilla 1 - D.
Quillota, V Región, Chile.