EL Observador

7:24 hrs. Miércoles 16 de mayo de 2012 Julio Cifuentes Mora

La dignidad de la muerte

"Lo único que llega con seguridad es la muerte", escribió Gabriel García Márquez.

La frase acudió como un relámpago -ese destello rápido e imprevisto que ilumina la realidad en un instante de lucidez- mientras contemplaba el ataúd de un hombre al que no conocí, pero cuyas circunstancias de muerte me invitaron a acompañarlo en su misa fúnebre, ayer, en Quillota.

Su historia fue la de todos nosotros. Aciertos, desaciertos; amores, desamores; el constante inhalar y exhalar de los pulmones de la vida. Esa misma que lo llevó a habitar solo, en una precaria habitación, en no muy buenas condiciones y con un cuerpo que a sus no muy largos años, se negó a seguir dando la pelea.

De aquel hombre grande e imponente sólo quedaban las imágenes que habitan los recuerdos de sus familiares. Una grave enfermedad lo condujo, implacable, a una condición terminal.

Entonces supe de él. Algunos llamados telefónicos y breves gestiones fueron mi escuálido apoyo a su familia, cuyo mayor anhelo era que sus días acabaran con dignidad.

Entonces reparecieron nombres conocidos. La doctora Morgado, reconocida por el programa de Cuidados Paliativos del Dolor; y el doctor Luis Mella. Ambos, con un compromiso que conmueve y un sentido humanitario que se extraña en estos días, hicieron todo para que, luego de estar hospitalizado, pasara las últimas semanas en la Casa de Acogida para Enfermos Terminales "Beatita Benavides", ubicada en Condell 200, en Quillota, que funciona desde 2003 y desde 2005 bajo administración municipal.

Allí redescubrí, a partir del testimonio de la familia, esta obra que satisface una necesidad que el sistema de salud no contempla: la dignidad en el arribo a la muerte. En ese lugar aquel hombre que no conocí recibió los cuidados, el afecto y la entrega que hicieron que el sufrimiento propio de su enfermedad se viera notablemente atenuado.

Estas líneas no permiten describir los múltiples esfuerzos y entregas que allí convergen. Voluntarias y voluntarios que, ajenos a cualquier figuración, dan mucho de sí en favor de los pacientes internos.

Hace poco se inauguraron nuevas dependencias, más camas y se incorporó la atención a personas con enfermedades vasculares severas y a aquellas en proceso de desintoxicación.

La Casa de Acogida de Quillota necesita y merece un apoyo más firme y sostenido. Pañales para adultos, alimentos no perecibles, frutas y verduras, son sólo algunas de las diarias necesidades.

De esa forma muchos más hombres y mujeres que -como yo- tal vez usted nunca conozca (ya van más de 100 que han fallecido en el lugar), puedan dejar que el dolor y el sufrimiento den paso a la oportunidad de reencontrarse con lo mejor del ser humano.



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