EL Observador

10:10 hrs. Martes 10 de abril de 2012 María Francisca Pizarro C.

"No eres útil para las estrellas"

María Francisca Pizarro C. / Profesora Educación General Básica - Orientadora Educacional PUCV

"El cuarto planeta era el del hombre de negocios. Estaba tan ocupado que ni siquiera levantó la cabeza cuando llegó el Principito /.../
¿Eh? ¿Todavía estás ahí? Quinientos un millones de... ya no sé... ¡Tengo tanto trabajo! ¡Yo soy un hombre serio, no me entretengo con tonterías! Dos y cinco, siete..."

(El Principito, Cap. XIII)

Muchos de los padres y madres de hoy están muy ocupados día a día por mantener una casa, tener alimentos y poder pagar un buen colegio para sus hijos e hijas. Muchos procuran trabajar día a día para que nada falte, ni ropa, ni abrigo ni...

Muchos de los hijos e hijas añoran un tiempo de juegos, cantos, compras, paseos, con esos padres y madres que están preocupados que nada falte en la casa pero ¿en el hogar?

¿Qué pasa cuando esos padres proveedores están tan preocupados de su labor de abastecedores que se olvidan de lo más importante dentro de la familia? ¿Qué pasa, luego, en la adolescencia, cuando los padres no saben cómo responder a la falta de comunicación que existe con los que adolecen la vida?

-¡Tengo tanto que hacer, que no me queda tiempo para compartir con mis hijos!- es una expresión recurrente, pero no por recurrente válida.

Muchas personas, hoy abuelos, pueden sentir que la infancia de sus hijos se les escapó y que, si pudieran retroceder el tiempo, volverían 20 ó 30 años atrás y harían las cosas diferentes, a lo realizado.

El tiempo no se recupera. No nos engañemos: el tiempo que se pasa, pasa y no vuelve atrás. No hay forma de recuperar lo que se perdió en la infancia, sólo hay forma de vivir mejor el que nos queda por vivir. No esperemos que en 20 años más nos demos cuenta que los campamentos que dejamos de ir, las reuniones familiares que dejamos de hacer, el juego de pelota al que dejamos de asistir, se han vuelto un vacío imposible de llenar y que la distancia ganada en el cuentakilómetros de la vida, no hay forma de volverla a cero.

Espero que podamos ver con ojos de niño y así como lo dijo el Principito a ese señor de negocios que estaba empecinado en contar todas las estrellas del universo para poseerlas, nos dejemos llevar por lo esencial:

-"Yo -agregó- poseo una flor que riego todos los días. Poseo tres volcanes que deshollino todas las semanas. Porque deshollino también el que está apagado. Nunca se sabe. Es útil para mis volcanes, y es útil para mi flor, que yo los posea. Pero tú no eres útil para las estrellas".



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