EL Observador

17:34 hrs. Viernes 30 de marzo de 2012 Sebastián Godoy Rivas

Tolerancia Cero

La nueva Ley de alcoholes, denominada como "tolerancia cero", viene a imponer una fuerte restricción al consumo de alcohol para las personas que conducen vehículos motorizados. Esta restricción basa su coerción y su capacidad de persuasión en el aumento de sanciones para los conductores sorprendidos con niveles de alcohol que actualmente son inferiores a la normativa anterior ("bajo la influencia del alcohol" entre 0.3 a 0.79, y en estado de ebriedad desde los 0.8 gramos de alcohol por litro de sangre). Si una persona es sorprendida manejando bajo la influencia del alcohol o en estado de ebriedad se arriesga a fuertes sanciones, llegando a la suspensión de por vida de la licencia de conducir. Tales consecuencias varían según el nivel de alcohol en la sangre, los daños causados (tanto a terceras personas como infraestructura) y la reincidencia. En este contexto cabe destacar que ya se aplicó la primera suspensión de por vida de la licencia de conducir a una persona sorprendida por tercera vez manejando en estado de ebriedad, sumándose una multa de 2 UTM y reclusión nocturna por 61 días.

A partir de esta nueva legislación surgen las legítimas preguntas: ¿Cuál es la razón de elevar las sanciones?, ¿una nueva legislación tiene la capacidad de cambiar la conducta de las personas?

El espíritu de la nueva Ley es generar un cambio cultural en la sociedad, borrar de la mentalidad colectiva el famoso chilenismo "curao manejo mejor". Este cambio de actitud en las personas debe generar un estado de conciencia colectiva e individual respecto de la conducción sin consumo de alcohol. La idea es que cuando una persona sepa que va a consumir alcohol, tenga previsto otro medio de transporte para trasladarse o busque otra persona que conduzca sin beber alcohol; lo importante es que debe ser eliminado como opción el conducir con alcohol en el organismo.

Una transformación cultural que se refleje en el cambio de conducta de las personas es una meta que se debe proyectar al menos en un mediano plazo; por ello, se deben generar políticas públicas orientadas a la educación vial, la prevención precoz del consumo de drogas (entre ellas la droga legal llamada "alcohol"); finalmente se deben aumentar las exigencias para la obtención de la licencia de conducir. Esta tarea debe ser asumida como sociedad en su conjunto; por lo tanto, es importante que estas medidas sean socializadas desde la familia, incluyendo a niños, niñas, adolescentes y adultos.



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