EL Observador

11:21 hrs. Martes 13 de marzo de 2012 Marco López Aballay

La hermosa ruralidad de un sueño

Hay multiplicidad de voces en el discurso poético de Carlos Hernández Ayala (1973), donde se mezcla lo fantástico (el universo imaginario, los sueños), con lo real (la crítica social, el abandono, el mensaje poético-filosófico, la búsqueda de la verdad).

Agregado a ello, está el uso del lenguaje, el cual se manifiesta en plena libertad, o mejor dicho, el poeta, tomando plena consciencia en su proceso creativo, reconoce al lenguaje como su principal herramienta de trabajo y logra sacar el máximo provecho de ello.

De ahí que sus versos sean ricos en imágenes, a la vez, llenos de sentido, lucidez e ironía. En este universo poético -el hombre y el entorno que lo rodea- son una especie de experimento mal ejecutado, o en constante proceso de ejecución. En ese sentido, reafirma la teoría de Huidobro: "El poeta es un pequeño Dios". De ahí que Hernández logra, poco a poco, construir a su antojo una nueva realidad, la cual se manifiesta en pequeñas dosis, como ventanas que se abren y se cierran, luces que se apagan y encienden en cualquier instante en este viaje inacabable.

La ironía es un constante elemento que sostiene algunos poemas de "La Hermosa Ruralidad de un Sueño" como un juego seductor que nos conduce de manera grata, a la vez reflexiva. Ésta se manifiesta a través del mensaje o crítica social. También hay ironía en la técnica de escritura y el empleo de un lenguaje seductor, ingenioso, el cual le da un toque de gracia -o coquetería sutil- a sus versos.

Por otra parte, la poética de Hernández es un viaje literario-poético vertiginoso, y como en susurros, se nos aparecen las voces de sus maestros favoritos. Una especie de intertextualidad espontánea; César Vallejo, Roberto Juarroz, Vicente Huidobro. Y si por un lado sus versos tienen la gravedad de un Enrique Lihn, por otra parte, otros poseen la emoción de un Jorge Tellier (aunque las imágenes, que aquí podríamos definir como líricas, son en realidad una especie de flash fotográfico, imágenes estáticas y espontáneas, que no representan el fin del poema en sí, más bien son escenas de paso, que nos conducen a realidades más complejas y subjetivas).

También es interesante ver a su heterónimo (¿o seudónimo?) favorito deambulando por su caudal poético; me refiero a Maximiliano Cynan, en el poema "Mitológica aparición de un mortal en el panteón de los falsos dioses conocidos". Lo cual lo interpretamos como un justo homenaje a uno de sus maestros favoritos: Fernando Pessoa.

Los elementos anteriormente mencionados revelan la complejidad de quien entiende que la poesía es un juego que apasiona hasta la muerte; una especie de misión imposible.

En síntesis, el poeta Carlos Hernández, es una muestra interesante y muy original de la actual generación de poetas de la Quinta Región.



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