EL Observador

15:41 hrs. Viernes 29 de julio de 2011 Katherine Escalona Mancilla

El silencio de los inocentes: Pequeño Cottolengo

Impacto y conmoción provocaron las imágenes de los abusos y maltratos denunciados este mes en el Pequeño Cottolengo, hogar de discapacitados que funciona hace años en la comuna de Quintero. Más aún, cuando las víctimas no tienen noción de que están siendo maltratadas, ya que, los 33 internos padecen de diferentes enfermedades mentales y sicomotoras que les impiden su defensa.

El único testigo de su maltrato y dolor es el silencio porque ninguno de ellos sabe qué pasó, ni cuando, ni mucho menos quién sería el responsable de su dolor fugaz, que luego de un día o minutos ya no recuerdan. Entonces la rutina continúa y siguen jugando y haciendo las mismas cosas, se sorprenden con las cámaras, se creen pequeños artistas, sonríen a los ?tíos?, mientras de su casa entran y salen personas para ellos desconocidas, que fiscalizan, que analizan la situación para algún día encontrar al o los culpables del maltrato del cual fueron víctimas.

Ellos continúan tranquilos, juguetones y risueños, mientras todo el país aún está impactado ante la crueldad de los hechos, que una y otra vez fueron difundidos por los medios de comunicación.

Ahora cuentan con un nuevo director y una jefa de personal ambos con carácter de interinos, quienes estarán a cargo mientras dure la investigación, pero, ¿qué pasará después?, queda todo en un misterio donde los únicos testigos son los propios funcionarios, porque ninguno de los agredidos puede decir la verdad de los hechos, secreto que quedará fragmentado en algún episodio de su vida olvidado en su memoria.

Lo paradójico de la historia es que muchos de los internos fueron separados de sus padres o familiares por sufrir algún tipo de maltrato o abandono, hecho que se vuelve a repetir en el lugar que destina la justicia para su protección.

La crueldad de los hechos ocurridos en el Pequeño Cottolengo de Quintero, desencadenó un problema nacional que sucede en la mayoría de los hogares de discapacitados del país, donde predomina la falta de fiscalización, la que es aprovechada por inescrupulosos a quienes poco les importa el dolor o el sufrimiento de alguien que no se puede defender, más aún cuando la víctima no se puede defender pues así es más fácil para ellos causar daño y quedar en impunidad por mucho tiempo.

Sin embargo, así como no se puede tapar el sol con un dedo, tarde o temprano las cosas salen al descubierto por ocultas que hayan permanecido, causando revuelo e indignación, no a los afectados, sino a la gente que por mucho tiempo ha tenido a un hijo, a un padre, a una madre o a algún anciano en un hogar para el olvido.



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