EL Observador

12:16 hrs. Viernes 17 de febrero de 2012 Mario Montiel Ulloa

Documento valioso

Mario Montiel Ulloa / Periodista

Días atrás llegó a mis manos un documento valioso para los coleccionistas de historias, con personajes y anécdotas que me hicieron remontar a las décadas de los 50, 60 y 70 de La Cruz, épocas que para muchos serán las mejores, pero que nunca volverán.

El autor es uno de los personajes más típicos de la comuna, que nació, se crió y desempeñó en La Cruz una serie de oficios, que le han permitido, desde su perspectiva, escribir sus vivencias, que son parte también de todos los crucinos.

José Manuel Correa González, más conocido como "Tío Linco", nos invita a viajar en el tiempo en su libro, aún no editado, donde rescata la vida de hombres y mujeres que vivieron entre los años 50 al 70.

Este autodidacta de las letras nos transporta por la vida de personajes comunes y de autoridades que vivieron en este rincón de la Quinta Región, donde la tradición oral queda escrita y plasmada por uno de los suyos.

Al hojear sus páginas uno percibe un sesgo de nostalgia, al describir el autor el paso del tiempo dejado por el Barrio Estación, con sus locomotoras y carros que transportaban a los crucinos hacia el Puerto y que hoy son sólo ruinas.

Como una fotografía clavada en la retina, me transporto a los paseos a la Poza Cristalina, Otro lugar que se recuerda en los apuntes del Tío Linco, es el Teatro de La Cruz, lugar que la gente disfrutaba y era acompañado por un noticiero y una serie policial.

El baile se concentraba en tres locales: el Club Diego Portales, donde los fines de semana se hacían bailes populares; El Caribe, que fue todo un boom en la década del 50, donde reinaba el tango y El Capri, que aún conserva los bailables del fin de semana.

Pero si hablamos de personajes de carne y hueso, no podemos dejar de nombrar al señor Barboza, un hombre que se caracterizaba por dominar el inglés y alemán. Cuando llegaba un turista, el señor Barboza se le acercaba y ayudaba a llevar las maletas, a realizar un trámite o a buscar un familiar.

Otros hombres a los que el Tío Linco les brinda tributo en su cuadernillo es el Zamuelato, que tenía el don de la palabra, podía engañar a todos los que se le cruzaran en el camino, muy gracioso, pero también muy pillo. También está el Motemey, el Cocoa o Quemanera, el Vivo, por nombrar algunos. Cada uno con sus historias y anécdotas, que más que seguro que el autor detallará en su libro.



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