EL Observador

12:09 hrs. Viernes 17 de febrero de 2012 Farid Chalhub Namur

La noche entre amigos

La mesa está servida y luego de los aperitivos nos disponemos al sacrificio de devorar un lechón de 8 kilos. Las bromas abundan, no en vano somos amigos que por años compartimos el café matinal y cada mes nos reunimos en este ritual. La conversación es variada, inevitable tocar el tema dictadura o régimen militar, las polémicas entre el Ministro del Interior y el Fiscal Nacional, el Alcalde de Ñuñoa se lleva criticas y apoyo, sobre las nanas de Chicureo no hay consenso posible, también se toca el fútbol, aunque algunos no conocen la pelota y nunca van al estadio.

J. C. llegó canchero, proponiendo alargar la velada en otro sitio, claro, no tiene mujer (tenía). Insiste que la libertad no es otra cosa que aquello que los individuos tienen el derecho de hacer y que los demás no tienen el derecho de impedir (su ex tampoco). V. le replica, ya van varias botellas y el chanchito empieza a desaparecer, que la libertad pura es más un estado filosófico que un estado civil. C. que se autodefine como pensador y filósofo (es ingeniero comercial) acota largamente algo así como que la libertad es el derecho a obedecer a la ley y que no la confundamos con la igualdad, que sería el derecho de obedecer todos a la misma ley. Nadie entendió a C. que no puede beber por su medicación, aunque todos lo vimos tragarse dos pisco sours antes de cenar, C. tiene algunas locuras, y es lo mejor que tiene.

Intentan cargarme con que un judío y un árabe están agarrados de las mechas y hacen algunos comentarios sobre el Medio Oriente. Les digo que no puede haber paz sin justicia. L. dice que confundo la justicia con mi deseo de tener razón. Ya casi no queda lechón, ni papas fritas ni ensaladas y respondo que nada tiene una historia única, la que siempre es escrita por los vencedores, que luego detentan el poder y a veces, en forma tan exagerada que se convierten en opresores. R., que habla poco (come y fuma) agrega que la memoria histórica tiene su propio vocabulario. Todos hablamos al mismo tiempo, con una leve influencia etílica, ofrecen postre, algunos piden frutas, otros no, y todos agüitas de hierbas pero con endulzante. En ese momento sucede algo que nos silencia a todos. Desde el comedor que ocupamos vemos pasar al interior a una mujer sola, de vestido ajustado, tacones y sinuoso andar. A nadie le vi la cara, pero a los pocos minutos, ingresa su acompañante, al que varios conocen, anda chueco, anda con yegua robada, son los envidiosos comentarios. Silencio, chancho desaparecido y varias botellas vacías.

Todos somos amigos, a pesar de las diferentes actividades y visiones políticas. La amistad supone respeto y aceptación. Hay veces que los amigos nos sentimos con derecho de decirnos pesadeces, pero la amistad es un sentimiento sagrado que subsiste a través del tiempo..., a condición de no pedirse dinero prestado. Seguiremos arreglando el mundo mañana en el café y hasta la próxima noche entre amigos.

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