Obligada a permanecer en casita a raíz de una licencia médica, tuve la oportunidad de ver toda la amplia gama de ofertazos de la televisión criolla, incluido el "porrazo" periodístico que causó la nota a una otrora discriminatoria Inés Pérez, que le costó el exilio y el repudio de las redes sociales a esta chicureana empleadora ABC1. Todo porque al inefable "alguien" de siempre, se le ocurrió que era conveniente que el personal de un condominio no caminara por la calle. Nótese que digo "era conveniente", no digo que "es feo", "que pueden ser dateros" o porque "me da mala leche que mis hijos vean pasar al personal de servicio, mientras andan en bici". Simplemente puede no ser una buena idea que la gente se canse caminando cuadras al sol para llegar a la locomoción pública después de su jornada laboral. O en fin. Pueden ser múltiples las motivaciones que hay detrás de una prohibición. Lo que está claro es que nos estamos acostumbrando a ser un país de prohibiciones.
Vengámonos desde Chicureo a Zapallar. Aquí se lucieron sacando la moda de prohibir los vendedores en la playa, las radios a todo ritmo y hasta los quitasoles con publicidad. ¿No será mucho, Chapulín? Está bien, personalmente me da lata escuchar cierto tipo de música chicharronamente en un celular a todo volumen, u oír los gritos del vendedor de cuchiflíes y palmeras pasando a cada rato por la playa, aún tratándose de sonidos que evocan mis infancias playeras. Sin embargo me pregunto si es necesario prohibirlo. Es verdad, el respeto al descanso ajeno debe ser intransable. Para ello, existen los audífonos y la sopa para uno, si lo que se quiere es vivir en el propio mundo. Pero la cuestión debiera pasar por la educación fundamentalmente. Cambiar los letreros "Prohibido" por los "Sugerimos" o "Agradeceríamos que usted?". Así se podría otorgar a las personas algo que sostenidamente han ido perdiendo en el tiempo, su prestigio social positivo, de tal forma que si se le asigna un valor a una persona, esta tenderá a actuar bajo ese valor positivo que se le ha atribuido. Dígale a alguien lo limpio y ordenado que le parece, aunque no lo sea, y verá cómo comienza a adoptar una conducta enfocada hacia ello. O sea, criar fama y echarse a dormir, amparándose en una actitud positiva hacia el otro. ¿Costará tanto, digo yo? En fin, con probar no se pierde nada, aunque me pregunto? ¿qué más da que el quitasol diga Coca Cola, Savory o sea de 7 colores? Yo no sé usted, pero a mí me da lo mismo.