Estoy harto de la televisión chilena. Debo confesar que cada noche que puedo apropiarme del control remoto ?lo que admito son sólo algunos días de la semana-, me desconcierta más, el contenido de los canales nacionales.
Y en este humilde análisis, debo decir que aunque no soy "tevemaniaco", me inquieta demasiado el producto que consumen millones de chilenos, en un país donde ?no hay que ser tan osado para reconocerlo- la cultura general, la lectura y la escritura no fluyen entre nuestros compatriotas.
Es por esto que hoy quiero protestar contra la televisión chilena. Y contra todos aquellos canales que en la lucha por el "people meter" han traicionado sus convicciones más profundas, y contra aquellos que sin tener convicciones, transmiten cuánta basura quieran.
En primer lugar protesto contra Canal 13, que vendió su alma al diablo cada noche para difundir la vida de una gitana ?no tengo nada contra los gitanos- y un grupo de flaites, que por unas lucas "funan" sus aventuras a todo un país.
También protesto contra Chilevisión. Porque transmite el programa de talento más visto de la TV local, pero por la sintonía ha puesto en pantalla a "oscuros ejemplares" de la convivencia nacional, como "La Geisha" y Pamela Díaz, cuya única gracia es abrir la boca y disparar.
En este acto, además reclamo contra La Red, único canal que muestra la evolución del consumo alcohólico en pantalla; Megavisión, que cada mañana nos hace despertar para "investigar" dónde quedó el peluche que fulano le regaló a mengana y que fue vendido cuando terminó dicha relación. Es incluso una lata tener que citar estos ejemplos. Pero obligatoriamente necesario.
A estas alturas, sólo debo acotar que me es decepcionante comprobar que los buenos programas, aquellos que nos hablan del Chile Rural, del Chile conectado, del periodismo investigativo alejados de la denuncia burda, han sido desplazados a los horarios del fin de semana. Cuando usted o yo, o la mayoría, duerme la siesta, comparte con la familia o sale de paseo.
Es que la mala cultura de este país está superándome a mí o a usted, al punto que los canales muestran lo que "la mayoría" quiere ver, o estamos todos locos. Tal vez por eso sigo apegado a mi radio, siempre entretenida, informativa, actuando en tiempo real. Tal vez por eso, sólo sintonizo la tele cuando no relato. Y es para ver algún partido de fútbol. Sin gitanos, sin flaites, sin baile.