EL Observador

12:50 hrs. Viernes 06 de enero de 2012 Iván Garrido

Cuando el temor social supera a la enfermedad II

Sobre la memoria, algunas precisiones. Así como nuestro organismo a medida que avanza en años cambia, nuestro cerebro también lo hace y nuestra memoria se modifica.

Está demostrada una disminución natural producto del envejecimiento de una memoria llamada fluida, que nos permite enfrentar simultáneas operaciones muy características de la memoria de corto plazo. En contra parte, aumenta capacidad en la llamada memoria cristalizada, que es aquella que en alguna parte guarda la información, aunque no necesariamente podemos evocarla o recordarla, un ejemplo muy particular de esto es cuando oímos la expresión "lo tengo en la punta de la lengua". También hay que hacer una salvedad que poseen un trastorno de memoria no equivale a un episodio de olvido, pues todos sufrimos de olvidos, ya sea por desconcentración secundaria a estrés, a trastorno del sueño, etc.

Hablaremos de trastorno de la memoria cuando efectivamente estos olvidos sean sistemáticos, generando alteración en nuestra calidad de vida y dificultándonos enfrentar con autovalencia la misma. Entre ellos se describen olvido de nombres, direcciones, ?dejar la cocina encendida?, olvidarse de lo que iba a hacer, etc. todos estos olvidos si son frecuentes y cotidianos, pueden ser el síntoma que nos alerta sobre una demencia incipiente o más avanzada.

Ciertamente no todo se suscribe a un trastorno de memoria, pero es un síntoma tan evidente, que en general siempre valoramos. Ahora bien existen muchos otros, como aplanamiento afectivo, anhedonia o pérdida del disfrute de la vida, trastornos del sueño, pérdida de la movilidad o motricidad fina, pérdida de la continencia de esfínteres, etc. Por lo cual, si no somos acusosos perfectamente podemos creer que es un cuadro depresivo, sin serlo.

También reconocer tres estados o grados; leves, moderados y severos o avanzado; nuestro gran desafío intentar el diagnóstico en estadíos leves y antes incluso de la aparición de los primeros síntomas evidentes.

Aunque reconocida la cual una enfermedad crónica dependiendo de la causa no es curable, sí es tratable, y dentro de los elementos que poseemos a demás del uso de fármacos está la utilización de terapias cognitivas y físicas a cargo del equipo rehabilitación (kinesiólogos, terapeutas, fonoaudiólogos, psicólogos).
Junto con lo anterior mantener la integración social, evitar el aislamiento, obligar a nuestro cerebro a mantenerse activo; ejemplos; mantener contactos sociales a través de agrupaciones, clubs sociales, leer, conversar; en definitiva seguir viviendo la vida y los años que nos quedan por vivir con la misma intensidad de antaño.

Que no nos importe el estigma social de padecer una demencia que nuestra salud y la de nuestro adulto mayor; pues con un control regular por su geriatra o médico de cabecera, podemos revertir o al menos hacer más lento este deterioro que nos acecha y junto con los equipos de salud, extender no sólo en años la vida, sino mucho mejor aún, en calidad, autovalencia y autonomía de nuestros pacientes.



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