EL Observador

10:57 hrs. Viernes 23 de diciembre de 2011 Eduardo Gallardo Tello

Las injusticias de la PSU

Eduardo Gallardo Tello / Profesor

La semana pasada, 271 mil jóvenes rindieron la PSU. La ilusión no se las quita nadie, ni los sueños de quedar en sus carreras anheladas, de desarrollarse personal y profesionalmente, pero con una verdad indesmentible: rindieron la prueba más injusta de todas, ya que evalúa todo el paso de un niño por la escuela.

Es injusta porque está en la esencia de nuestro sistema escolar desigual; es injusta porque parte de la base que los estudiantes aprenderán los mismos contenidos y desarrollarán las mismas habilidades, porque son parte de una ley que determina los planes y programas; es injusta porque considera ciegamente que todos los profesores manejan a cabalidad los contenidos que deben entregar; es injusta porque se basa en la premisa de que todos los profesores saben traspasar los conocimientos y se adaptan a la realidad de cada grupo curso.

Pero lo más injusto es porque es totalmente predecible. Esto en términos simples significa tener de un total de 75 preguntas un promedio de 10 respuestas buenas para liceos municipales, 22 para colegios particulares subvencionados y 36 para los colegios particulares pagados, es decir, la universidad está prohibida en su acceso (a través de becas) para la mayoría de los alumnos de liceos municipales o de colegios subvencionados y no es por falta de medios económicos, sino que sólo por su puntaje.

Continúo, es injusta porque diversos estudios han acreditado que lo que los niños aprenden no depende de en qué colegio estudian o quiénes son sus profesores, sino que lo que importa es quiénes son sus amigos y las características de sus familias (para no decir dónde viven). El dato es que hoy una escuela influye sólo el 10% en el aprendizaje del niño, el 90% restante lo hace la familia y el entorno. En términos simples, en Chile existen diferencias de cuna.

No descubro la pólvora, ni invento la rueda diciendo que la educación chilena es tremendamente desigual, pero es bueno anotar algunas ideas que nos muevan nuestra conciencia.
Las soluciones son claras, pero lentas para hacerlas efectivas, como que los mejores docentes deben trabajar en los colegios más vulnerables o los mejores directores deben dirigir escuelas municipales, porque según el informe Mc Kinsey, un mal director empeora más veces un rendimiento escolar en un niño comparado con uno que lo hace relativamente bien. Queda mucho por acortar la brecha, pero por algo podemos empezar.



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