EL Observador

15:28 hrs. Viernes 05 de mayo de 2017 Roberto Silva Bijit

A propósito de los cumpleaños de La Calera y Limache

En la edición impresa de este viernes 5 de mayo de "El Observador" se incluyen los suplementos de saludo por el aniversario de las comunas de La Calera y Limache, ciudades que desde 1970 están presentes en las páginas de este diario.

La Calera tiene una personalidad especial, conformada por su alma minera, en tanto, Limache tiene la mirada puesta en la agricultura.

En La Calera la marca es Cemento Melón.

En Limache la marca es el tomate limachino.

Qué diferentes símbolos para ciudades que están tan cerca y que comparten un desarrollo histórico apoyado en grandes empresarios del siglo XIX.

Ildefondo Huici en La Calera y José Tomás Urmeneta en Limache. Ambos creyeron en la gente de sus ciudades, ambos invirtieron aquí sus fortunas y ambos entregaron lo mejor de sí para hacerlas progresar. Fueron dos emprendedores visionarios: el primero empujando hacia la minería y el segundo hacia la agricultura, los pilares de desarrollo de ambas comunas.

Tanto don Ildefondo Huici, en 1844, como su hijo José, más tarde, decidieron iniciar la construcción de talleres y explotaciones mineras en la zona, tras haberse comprado la Hacienda La Calera, que incluía los sectores de Artificio y El Olivo. La gente llega primero a trabajar a ese creciente núcleo industrial, para después construir sus casas y fundar sus hogares en torno a las instalaciones de los Huici. El progreso no se detendrá y llegarán trapiches de pólvora en Artificio (de allí su nombre) y molinos de harina, fábricas de aceites vegetales y dos pequeñas fábricas de cemento: "Cousiño y Huici" y la fábrica de cemento "La Cruz" en La Palmilla, las cuales años más tarde darían paso a Cemento Melón, con sus casas para sus trabajadores, iglesias y plazas, con sus colegios y sus gigantes instalaciones y sus chimeneas que ya forman parte de lo más característico de la ciudad.

José Tomás Urmeneta contribuyó al trazado de San Francisco de Limache, abriendo esa avenida maravillosa que hasta hoy distingue a la ciudad. Abrió canales, plantó y sembró, cosechando la riqueza de la tierra limachina.

Para ambas ciudades la llegada del ferrocarril entre Santiago y Valparaíso, que quedó en pleno funcionamiento en 1863, fue determinante.

Limache antiguo (para no decirle viejo) quedó alejado del trazado de la línea férrea, que era tan importante, que tuvieron que hacer una nueva ciudad (hija de los rieles) que se llama San Francisco de Limache. Por eso hay dos Limache, ya que si la línea hubiera pasado por el más antiguo no habría sido necesario fundar otro.

La Calera gozó aún de mayores ventajas con el paso del tren, ya que un par de décadas después, su estación se conectó con la línea ferroviaria que iba al norte y por la ciudad comenzó a pasar todo el tráfico de personas y mercaderías para las principales ciudades del norte de Chile.

Pero estamos de cumpleaños y quiero pedir algunos regalos para ambas ciudades, por las cuales siento un profundo cariño.

Para La Calera me gustaría que le regalaran la protección de las actas municipales para que queden en un lugar seguro, la conservación de alguna casa antigua donde se puede levantar un museo con la gloriosa historia calerana y un regalo compartido con Nogales, que es defender como patrimonio histórico la Mina Navío, que tanta caliza y tanta vida le dio a miles de familias de la zona.

Para Limache me gustaría que le regalaran la protección de los ataúdes de reducción en que se encuentran don José Tomás Urmeneta y su esposa, (juntos para siempre) y que hoy yacen en un subterráneo del viejo hospital. La conservación de la antigua fábrica de la Cervecerías Unidas, para que sea convertida en museo y centro cultural.

¡Un abrazo de papel para los todos (y todas) los caleranos y limachinos!



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