EL Observador

8:28 hrs. Martes 02 de mayo de 2017 Roberto Silva Bijit

La decisión de la DC y el nuevo escenario político de Chile

Chile necesita fortalecer la representación de la aporreada clase media, darle fuerza a las ideas de centro, que no estén ni a la derecha ni a la izquierda, sino que vayan por el camino del medio. Lejos del marxismo y el capitalismo. Que no quieran achicar el Estado a niveles absurdos ni agradarlo a tamaños inmanejables.

Chile necesita volver al centro.

Siempre hubo tres tercios: derecha, centro, izquierda. En vez de quedar cada uno con su representación, dos de esos tercios se juntan para tener mayoría y ganar las elecciones. Y eso pasa porque los políticos solo piensan en repartirse los cargos y el dinero que otorga el poder, el llegar a la Presidencia, el encaramarse a La Moneda, pareciera que fuera la única meta, sin embargo, también se necesitan ideas (ideologías, utopías, principios) como quedó demostrado en estos últimos meses.

Pongamos el caso del aborto como ejemplo. La izquierda quiere abrirle la puerta suavemente, pero una vez abierta dejarla siempre así, de par en par. La derecha denuncia crimen por parte de la madre y los demás cómplices que participen. El centro político ha quedado reclamando, oponiéndose más que proponiendo. El Papa, más cercano al centro, declaró sin miedo y con mucha profundidad que aunque condena el aborto, autoriza a los sacerdotes para que absuelvan y perdonen el aborto, generando una indispensable misericordia en temas tan profundos y tan importantes en la vida de los seres humanos. Esa comprensión es parte de la tarea del centro alejado de los extremos.

Por eso es tan bueno para Chile lo que pasó el sábado en la tarde, cuando el único partido político que parecía de centro, terminó comportándose como un grupo que puede asumir, en forma independiente y no en conglomerados donde se confunden sus principios, en representación de la gran clase media chilena, de los que estamos entre medio de los grupos económicos poderosos y los más desventurados.

La Democracia Cristiana, oyendo un llamado que surge de la historia de su partido, decidió no ir a las primarias para elegir un candidato único de la Nueva Mayoría, sino que le propuso al país ir directamente a la elección presidencial, llevando un candidato propio. De algún modo, desarma a la Nueva Mayoría, haciendo que pierda sentido la elección primaria y el sector de centro izquierda quede partido entre el centro (DC) y la izquierda (PS, PR, PPD y PC).

El año 1957, le propusieron a Eduardo Frei Montalva que se uniera con los liberales de derecha o con los radicales más de centro, pero rechazó todo por fortalecer el partido, por construir una Democracia Cristiana que fuera una opción de centro. Perdió la elección presidencial de 1958, pero ganó un partido que seis años después, con el mismo Frei a la cabeza, arrasó en las elecciones de 1964 y llegó a La Moneda, (lo que pasó después es otra historia, que tiene ver con la forma de aprovechar las oportunidades que brinda la historia).

Ahora el escenario queda más o menos despejado: a la izquierda Guillier, al centro Goic, a la derecha Piñera. Volvemos a los tres tercios naturales de nuestra estructura política. Ese es el escenario, con el perdón de los numerosos candidatos chicos que también irán a la elección del domingo 19 de noviembre.

Lo que está por resolverse es como se acomodan las fuerzas políticas en la segunda vuelta y el tamaño de la abstención, que por el aburrimiento y la desconfianza que han provocado los políticos, puede volver a ser catastrófica para la democracia chilena.



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