EL Observador

9:02 hrs. Martes 28 de marzo de 2017 Roberto Silva Bijit

A 52 años del violento terremoto del 28 de marzo

Hace 52 años nuestra zona sufrió el violento y destructor terremoto del 28 de marzo de 1965, que terminó de echar abajo lo que hacía seis décadas había dejado herido el fatídico terremoto del 16 de agosto de 1906, que en seis minutos de violencia dejó 3.882 muertos.

En agosto de ese año en Quillota hubo 96 muertos, en La Calera 5, en Hijuelas 40, en Nogales 14, en El Melón 9, en Limache 116, en San Francisco de Limache 60 y en Olmué 19. Pero lo peor fue en Valparaíso donde los muertos terminaron siendo cerca de tres mil. Cuando uno ve fotos de ese terremoto, se convence que los daños fueron muy cuantiosos y que generó movimientos urbanos muy grandes. Por ejemplo, la destrucción de Valparaíso se tradujo en el aumento poblacional de Viña del Mar y el fortalecimiento de Quillota y La Calera con la llegada de nuevas familias a la zona, todas provenientes del destruido puerto.

Sin embargo, el terremoto que más daño patrimonial ha causado en nuestras provincias, el más fuerte y destructor que hemos soportado es el del 28 de marzo de 1965. Era domingo. El reloj marcaba las 12 horas con 33 minutos. Fue largo y con oleadas. Alcanzó a 7,4 grados en la Escala de Ritcher y conmovió a toda la zona.

En Quillota, al caer la torre de la iglesia San Francisco, aplastó y dio muerte a dos personas. Otro fallecido fue a causa de un paro cardíaco.

La destrucción dura hasta hoy. Se cayeron tres templos históricos: la parroquia San Martín de Tours, la iglesia San Francisco y la iglesia La Merced. Sólo la primera fue reconstruida. Dicen que no cayó el templo de Santo Domingo, porque tal como lo había anunciado la Beatita Benavides, "esta iglesia no caerá mientras yo descanse en su interior". Y así fue.

La Ligua, Cabildo y Petorca quedaron con cerca del 80% de sus construcciones dañadas o destruidas.

En San Felipe la situación fue desastrosa, se vino abajo el edificio de la Intendencia, el Teatro Municipal, la Iglesia La Merced y parte del antiguo Hospital San Camilo. Murió una persona en Rinconada y otra en Los Andes.

Fue llamado el terremoto "cínico" porque por fuera de las casas no se veía la destrucción que había causado por dentro. La transformación de toda la zona será radical, porque el terremoto produce cambios importantes en la urbanidad de las ciudades.

El adobe será el más dañado, aunque con grandes salvedades. Resultó ser la gran solución constructiva desde los tiempos de la Colonia: acostado, para el muro exterior o divisorio de casas y el parado, en la división de muros interiores. Sin embargo, le fueron poniendo muros de cemento o de piedra, que no combinaban para ?bailar juntos? en el movimiento telúrico y eso echó abajo cientos de murallas y fachadas.

Inmediatamente, el Presidente Eduardo Frei Montalva llegó a la zona y se acuarteló en el hotel "Capri" de La Cruz, cuando todavía había mucha gente durmiendo en carpas o bajo improvisados toldos en las afueras de sus casas.

El suceso más dramático lo vivió el distrito de El Melón, en el poblado minero de El Cobre, donde el tranque de relave de la minera francesa que tenía a cargo el mineral de El Soldado, perdió su muros y sus desechos arrasaron con el pueblo. Hubo una cantidad indeterminada de cientos de muertos y desaparecidos. Solo aparecieron 35 cadáveres. También se rompieron otros tranques de relave, pero no hubo muertos que lamentar. En todo caso, los juicios que se hicieron contra las mineras, generaron una nueva legislación sobre las plantas de relave.

También se regularon las normas para determinar la "muerte presunta", se comenzó a usar la palabra damnificado, se creó la Oficina Nacional de Emergencias, "Onemi" y se legisló para las nuevas construcciones fueran obligadamente antisísmicas.

El del 65 fue un terremoto que lo cambió todo.



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