Cuando se acerca fin de año, es bueno recordar las circunstancias que como ciudadanos de este país maravilloso aún, que nos alberga y del que somos todos responsables, nos ha tocado vivir en el 2011.
"No esperes lo que tu país puede hacer por ti, planifica qué puedes hacer tú por él", dijo J. F. Kennedy alguna vez al pueblo de los EE.UU. en los años sesenta. A los del país del Norte no les ha ido del todo mal estos últimos 50 años.
No le echemos la culpa de todo al gobierno de turno, a los políticos, o a los alcaldes y concejales de nuestras respectivas municipalidades. Veamos cómo cada uno de nosotros puede ayudar a mejorar lo que está mal, organicémonos de manera civilizada. Este año lo que he visto mejor organizado son las protestas y de ellas lo más destacado, los encapuchados que sobrepasan a los jóvenes idealistas organizadores.
¿Qué se ha sacado en limpio? Nada. Al revés de lo esperado, los apoderados han sacado a sus hijos de los colegios conflictivos y se los han llevado donde no haya paros. Está bien estar de acuerdo con protestar para mejorar la educación, pero cuando los perjudicados por estas manifestaciones muy loables y nobles son nuestros propios hijos, los que pueden, se los llevan a otra parte.
Nuestro país, que a pesar de todo y gracias al cobre, los salmones, la fruta, el emprendimiento de algunos más avispados y el trabajo sacrificado de la mayoría, sigue creciendo, cada día son más los que pueden pagar algo por una educación de calidad y sin huelgas inútiles para sus hijos.
En las universidades está pasando lo mismo, en la Universidad Católica de Valparaiso, mientras no más del 5% participaba en las tomas y protestas, el 95% restante trataba de mantenerse en clases consiguiendo salones en hoteles, clubes, casinos, capillas y parroquias de todas partes. Tengo profesores amigos que citaban a los alumnos en sus propias casas. Nunca había hecho mejores clases me decía uno de ellos, todos los chiquillos atentos y concentrados en salvar el año.
Lo más fácil es dejar que los termocéfalos de siempre protesten y rompan lo que pillen.
Lo difícil, más trabajoso, pero seguramente más útil, es organizarse con un espíritu de colaboración en centros de padres, juntas de vecinos, asociaciones gremiales, etc.
Pongámoslo en nuestras prioridades para el próximo año, veamos si la mayoría silenciosa y tranquila podemos superar a esa minoría que cree en la queja violenta y en provocar el caos como solución a todos los problemas de nuestra sociedad.