EL Observador

12:55 hrs. Martes 13 de diciembre de 2011 Doctor Carlos Silva Córdova

La enseñanza de las ciencias como necesidad de supervivencia

Doctor Carlos Silva Córdova / Director Centro de Estudios de Enseñanza de las Ciencias UPLA

Para los seres vivos en general, el conocimiento del entorno ha tenido siempre una finalidad adaptativa. Para la especie humana, sin embargo, hoy cobra particular relevancia.
Superada la visión de la naturaleza como amenaza incomprensible e impredecible, la humanidad gozó durante siglos de una ingenua confianza en el conocimiento científico y el progreso ilimitado.

Sin embargo, hace ya más de medio siglo que los problemas ambientales se han vuelto inocultables y han señalado patéticamente el fin de esa ilusión. Nos encontramos en una situación de emergencia planetaria, caracterizada por el agotamiento de recursos, crecimiento demográfico, urbanización descontrolada, sobrecalentamiento atmosférico, contaminación, entre otros; pero que no se limita a ello, sino que se halla ligada a violaciones de derechos humanos sistemáticas y generalizadas: falta de democracia, imposiciones violentas de modelos no sustentables, condiciones de vida infrahumanas, desigualdad y discriminación son la contrapartida necesaria de una cultura consumista que degrada el ecosistema global, sin ningún tipo de reparos. Así, las ciencias naturales no pueden ser remitidas solamente a un ejercicio de curiosidad, ni reducidas a una herramienta de competencia económica entre naciones o bloques. Son, ante todo, una necesidad de supervivencia que se halla muy lejos de ser asumida más allá de lo declarativo.

Corporaciones, gobiernos y estados vienen reconociendo tímidamente la necesidad de un cambio de rumbo, pero las más de las veces esto no supera un maquillaje verde, y deja indemnes las razones estructurales del deterioro ambiental. Es más bien la sociedad civil, mediante las ONG, la que llama la atención sobre estos problemas.

Este reparto de protagonismos ha de ser entendido en un sentido no maniqueo: lo social se presenta dos veces, objetivado en relaciones e internalizado en estructuras subjetivas. Toda evolución a que se aspire debe trabajar esta dialéctica; es decir, debe cuestionar modos de pensar, de ser, valores y acciones que están absolutamente cristalizados y naturalizados, y que impregnan a la cultura y a cada uno de los sujetos. Se trata sin duda de un desafío colosal pero, ¿de qué, si no de eso, se trata la educación?

Si es tal el valor conferido al conocimiento, a las ciencias, no puede ser menor el atribuido a su perpetuación y crecimiento: la educación científica se convierte así en una cuestión igualmente vital.

La didáctica de las ciencias se ha constituido como campo en el esfuerzo cotidiano de superar problemas de la enseñanza. Desde las tendencias más espontáneas de innovación hasta las tentativas fundadas en la investigación, el recorrido histórico muestra un hilo subyacente caracterizado por la teorización y complejización de los problemas.



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