EL Observador

11:16 hrs. Lunes 21 de noviembre de 2016 Rodrigo Lopez Osorio

Hombres de verdad

Rodrigo Lopez Osorio / Periodista

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Hace unos días Quillota fue golpeada por un brutal crimen, golpe que ha sido especialmente fuerte para un sector de la comunidad, que se siente vulnerable y desprotegido ante este tipo de hechos. El femicidio de Joanna Soto Alarcón de 24 años de edad, joven que además estaba embarazada de tres meses, ha dejado claro que en la "Comuna de la Felicidad", ésta no llega a todas las mujeres.

Las causas de su muerte, -que por "eufemismos" legales, aún no pueden ser imputadas al supuesto autor, ya que hay que seguir el proceso, aunque las pruebas parecen ser irrefutables-, dejan claro por qué el rodeo es nuestro deporte nacional, ya que nunca se toma el toro por los astas.

No se puede alegar pobreza, drogadicción, problemas psiquiátricos o abandono para justificar su muerte, ya que eso sucedió porque "alguien" creyó que ella le pertenecía y que tal "propiedad" le daba derecho a decidir sobre su vida. Y todo eso se debe al machismo.

Siempre he pensado que no soy machista, pero la verdad es que creo que lo soy sin querer, o más bien que todos los hombres lo somos, cuando no tenemos conocimiento de lo que significa el machismo, esa idea, consciente o inconsciente, que el hombre es superior a la mujer porque somos físicamente más fuertes o porque la religión o los medios nos los aseguran.

De esa forma, en menor o mayor grado, todos violentamos a las mujeres al negarles sus derechos, como a decidir qué hacer con su vida, sobre el aborto, el amor o la igualdad laboral, hechos que demuestran que son consideradas ciudadanas de segunda de clase por parte de nuestra sociedad.

De esa forma se deja de lado su calidad de personas con todos sus derechos, pero yo ni debiese estar escribiendo sobre esto, pues son fuertes e independientes y el que algunos no logren entenderlo o permitan que sus inseguridades los dominen, es una vergüenza para todos nosotros.

Antiguamente ser un "hombre", implicaba velar por la familia, por la madres, esposa e hijas, pero hoy en día ser un hombre es mucho más que eso, implica entender que ellas son iguales a nosotros, sin importar su condición y género. Tal vez, si lo hacemos, podamos entonces llamarnos "hombres de verdad".



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