EL Observador

8:13 hrs. Martes 04 de octubre de 2016 Ricardo Maturana Otey

Princesas y castillos

Soy de los que se niega a creer que el dinero sea la forma en que se midan a las personas. Puede que quienes lean esta columna piensen diferente o consideren que en los tiempos actuales sea iluso pensar así. Lo cierto es que aunque el dinero domina cada uno de los ámbitos de nuestras vidas, sostengo esa premisa que pareciera chocar de frente con el mundo real.

Es cierto, lamentablemente -al menos para mí- para obtener educación de calidad hay que pagar, y bastante, muchas veces. Sin dinero el sistema nos obliga a endeudarnos por largos años -y con enormes intereses- para pagar una carrera universitaria. Para tener una buena atención de salud, también hay que pagar, pues sin dinero, pareciera que estamos condenados a que nos den solo dipironas. Sin cheques en garantía o sin capacidad financiera debemos armarnos de paciencia -y harta- si queremos mejorarnos o tener la posibilidad de hacerlo.

Está bien, el mundo adulto es así. Si pertenecemos a la gran mayoría que debe luchar día a día, semana a semana, para tratar de tener un sueldo digno que nos permita solventar los gastos que nos lleven a vivir relativamente tranquilos, no nos queda otra. Si somos adultos.

¿Hay que luchar para tratar de cambiar esa realidad? Por supuesto. Juntos, como sociedad. Pero lo que no acepto -y perdonen mi intransigencia- es que impongamos a nuestros niños esa realidad desde pequeños. Si queremos comenzar a cambiar algo, creo que lo que no corresponde es hacer creer a los niños que el dinero es lo esencialmente importante en la vida.

Quizás exagero, pero al saber que una simple actividad de alianzas para la búsqueda de un reinado en un jardín infantil, tenía como sistema de medición el dinero, me enfermó. La pequeña reina sería la que más votos vendiera. Durante una semana o dos, padres y madres se enfrascaron en una verdadera batalla para reunir más y más dinero para ganar. ¿En qué momento una tierna actividad como esa se convirtió en una lucha de billetes? ¿Qué mensaje les estamos dando a los niños? ¿Gana el que más dinero tiene y si voy perdiendo, pongo más billetes sobre la mesa con tal de ganar?

Me niego a eso. Prefiero enseñarle a mi pequeña sobrina a compartir, a no ser egoísta, a respetar y a querer a sus padres y abuelos, a dar las gracias, a no discriminar, a decir te quiero, a tener amigos, a escuchar el sonido de la lluvia y a ser feliz. Claro que deseo lo mejor para ella, pero no a cualquier precio. Por ahora, ella solo quiere jugar, soñando con princesas y castillos, y así debe ser.



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