EL Observador

8:15 hrs. Viernes 02 de septiembre de 2016 Francisco Calderón Quinteros

Una triste realidad a la vuelta de la esquina

Sin duda, para todos fue impactante la noticia de que en dos poblaciones de Quillota -Antumapu y Aconcagua Sur- ocurrieran dos baleos en menos de ocho horas. Uno de ellos, incluso, con 11 disparos que, si no fuera porque a la pistola se le acabaron las balas, probablemente hubieran sido muchos más.

El tema es que, más allá de estos hechos puntuales, inevitablemente nace la pregunta sobre qué es lo que está sucediendo en nuestros barrios. Porque no hablamos de situaciones que ocurren en comunas lejanas, sino que son hechos que suceden aquí, a la vuelta de la esquina y que son de extrema violencia.

Sin embargo, pareciera que no existe esta noción sobre la realidad de muchas personas que viven a pocas cuadras de distancia de nuestras casas. La verdad es que la pobreza, el miedo, la droga, la delincuencia y la violencia es algo con lo que algunos quillotanos deben convivir día a día.

Pero la violencia no nace porque sí. Es un reflejo del contexto que se vive en esos sectores, los cuales han sido desplazados, ignorados e, incluso, discriminados. Y esos factores son los que generan que, como consecuencia, gane la ley de la calle, la del más fuerte, la de la venganza y de las cuentas pendientes.

No sirve de nada preocuparse de las poblaciones "más peligrosas" sólo cuando ocurren estos hechos de extrema violencia. Debe existir una conciencia general de que hay personas de nuestra comuna que viven en un contexto muy distinto al nuestro, en el que hay quienes no están teniendo una vida digna.

El mismo alcalde Luis Mella recalcó este aspecto luego de fueran publicados los resultados de una encuesta en la que se informó que la mayoría de los quillotanos dicen sentirse felices. "Sentimos alegría, pero queda mucho por hacer, queda mucha gente que está mal, mucha gente que no es feliz", dijo. Y eso es lo que hay que tener siempre presente.

El combatir los focos de violencia por parte de Carabineros es algo que claramente hay que hacer, pero eso no solucionará el problema si es que no se realiza un trabajo profundo, insertándose en los lugares de mayor conflicto, teniendo una fuerte presencia municipal en esas zonas, incluyendo a todos por igual y, sobre todo, que la sociedad vaya borrando los estigmas. Las autoridades locales han trabajado por aquello, pero claramente aún queda mucho por hacer para terminar con la violencia de la que día a día, muchos vecinos son testigos.



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