EL Observador

11:42 hrs. Martes 23 de agosto de 2016 Miguel Núñez Mercado

Antología poética de la palta

Alguna vez aseguré que Pablo Neruda nunca escribió de las paltas. Lo reafirmo en esta nota. Es una actitud muy extraña en un poeta que sabía gozar de los placeres de la carne, de la boca y de otras partes. Parece que el vate no hubiera comido aguacates.

Escribió del tomate, de la manzana, de la papa, de la cebolla, de la alcachofa. También escribió de las chirimoyas. Lo hizo en su poema "La insepulta de Paita", (Paita y no Palta) dedicado a la memoria de Manuela Sáenz, la amante de Simón Bolívar. Allí imagina la ciudad de la amada del héroe, "con un perfume audaz / como una cesta/de mangos invencibles, / de piñas, / de chirimoyas profundas...".

Algo es algo. Por lo menos, Pablo Neruda escribió de las chirimoyas, "la reina de las frutas". Incluso era número puesto en sus banquetes. El 26 de noviembre de 1972, en su casa de Isla Negra, el menú, que transcribo, era de "queso mantecoso con aceitunas. Erizos, plato colmado, gran centolla fresca. Congrio frito o paila marina con congrio y camarones, filete con pebre, cebollas, tomates y ají verde. Y `very happy´ chirimoyas", como postre.

Pero, sorprendentemente, en toda su obra, el poeta no le asigna ni una palabra a la palta. Ni siquiera a la mantequillosa magnificencia de la "Palta Reina", que por algo es soberana, con todos los títulos, y en todas las mesas.

El que habla del poeta y las paltas es el escritor y ex ministro de Cultura Roberto Ampuero. En su libro "El Caso Neruda", hace comer una entrada de Palta Reina a su detective Cayetano Brulé, que anda en aventuras tras el Nobel. "Ordenaron una botella de vino y cazuela de ave, y de entrada Palta Reina, infaltable de todo restaurante chileno desde la Independencia".

Casi todo estaría bien, excepto por el agregado histórico-gastronómico del escritor converso. Los que dicen saber de la Historia de la Palta en Chile, aseguran que la fruta llegó al país cerca o luego de la Guerra del Pacífico. Incluso, el quillotano Gustavo Boldrini recoge el testimonio de un viajero, de 1820, que escribió de supuestas "selvas de paltas en Boco".

Sin embargo, eso es tema de otra historia, porque ahora escribo de poesía y paltas. Si a Pablo Neruda no lo inspiraron las paltas, hubo otros poetas que se extasiaron. Hay muchos. Mauricio Redolés, en su popular "¿Quién mató a Gaete?", mete, de refilón a la palta, como sospechosa de la partida del difunto, señalando: "...lo mató Peralta/ se lo echó por palta...". Algo es algo, para estos apuntes de mi Antología Poética de la Palta.

Sin embargo, el poeta que más loas le brinda a la palta es Claudio Bertoni. En su poema "Podríamos irnos", que presenta el interior de un cuesco de palta como el hogar para la pareja feliz, escribe: "Podríamos irnos al desierto/ Pero a ti no te gusta el desierto, / te gusta el verde. / ¡Vámonos a vivir / a una palta entonces! / y vivimos en la palta / y nos comemos la palta / y cuando lleguemos al cuesco / cavamos un hueco / y ahí nos quedamos desnudos / tiritando de amor y de frío".



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