EL Observador

11:17 hrs. Viernes 22 de julio de 2016 Viviana Orozco Vega

Una isla mágica que esta tan cerca en el papel y tan lejos en la realidad

El pasado 10 de julio comencé mis vacaciones de invierno, como lo habíamos planeado con un grupo de amigos hace ya casi un año, partimos a la Isla de Pascua, un lugar que para muchos es mágico y que además de la cultura tan distinta a la del continente, tiene un misticismo especial.

Geográficamente esta isla pertenece a la Quinta Región, por lo que deberíamos estar bastante cerca, pero un viaje en avión toma alrededor de seis horas, ni pensar en un viaje por mar, que demora más de una semana.

Al llegar, se percibe de inmediato algo distinto en el aire, puede ser porque el clima es tropical. Al salir del aeropuerto, nos esperaban con un hermoso collar de flores y con el lindo saludo en pascuense "Iorana", que invita a disfrutar y conocer la historia que guarda cada rincón de la pequeña isla, que tiene una extensión de 25 kilómetros.

Al recorrer sus calles, se percibe el relajo de la gente que no corre estresada como ocurre en el continente.

En muchos lugares de esta isla se promueve el reciclaje, ya que hay un gran problema con su basura, puesto que el vertedero que existe ya no da abasto para recibir los desperdicios de los pascuenses y lo que dejan los millones de turistas que reciben al año, por lo que es necesario preocuparse de los desechos.

Los lugares turísticos, como Tongariki, donde se encuentran los 15 moais, la cantera de Rano Raraku, donde eran construidos los moais, la playa Anakena, entre muchos otros lugares son protegidos por los pascuenses. La preocupación porque la historia que cuenta cada espacio continúe viva, se nota en la limpieza y los cercos que han creado para que los turistas mal intencionados no los destruyan.

Para muchos pueden ser simples espacios turísticos, lindos, que guardan historia. Creía que así sería para mí, sin embargo el relajo que tuve la posibilidad de vivir durante una semana, me hizo dar cuenta que sí existe algo distinto en esa isla que es parte de nosotros y es tan visitada por los extranjeros.

Disfruté junto a mis amigos, conocí nuevas personas a las que espero continuar frecuentando, pues todos compartimos la maravilla de haber conocido y recorrido las mística Isla de Pascua, y aunque es difícil contar en estas pocas líneas la maravilla de conocer un nuevo lugar de mi país, lo importante es que si alguien tiene la posibilidad de viajar a esta isla polinésica, no debe desperdiciarla y sentirá la diferencia, además que puede rescatar muchas buenas costumbres, que luego podrá replicar en su ciudad.



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