EL Observador

12:01 hrs. Martes 05 de julio de 2016 Guido Carvajal Ollanadel

Pasado, presente y futuro del tejido liguano

Terminó junio, mes aniversario de La Ligua y queda en la memoria su slogan "La Ligua, endulzando el presente y tejiendo el futuro", frase que en la actualidad ya no representa claramente su realidad, porque de acuerdo a la nueva legislación, el exceso de azúcar de sus dulces debería ser catalogado como "alto en azúcar" y eso ya atenta contra esta tradicional industria, catalogada como patrimonio artesanal. Por otro lado, los tejidos, que fueron la palanca que levantó el nombre de La Ligua, representan un mínimo de la actividad comercial de la comuna.

Hasta mediados del siglo pasado La Ligua vivía de la agricultura, el comercio minorista y la prestación de servicios menores. El tejido era una actividad familiar, que el vecino Aníbal Baltra industrializó instalando una hilandería y telares mecánicos en esa época, pero la mayor parte de su producción era comercializada en Santiago.

Fue en ese contexto que Francisco Delgado Troncoso y su esposa Yolanda Salez Jadur, llegan a La Ligua y se instalan en Ortiz de Rozas esquina de Goenechea. Implementaron un taller de costura y trajeron la primera máquina para tejer prendas de punto. Al principio costó que las personas aprendieran a tejer con estas máquinas, pero llegaron a dominarlas tan bien que de sus manos surgían verdaderas maravillas, el punto arroz, el perlé, el inglés, el gloria, el elástico, el jersey y sus combinaciones se sumaron al vocabulario de los liguanos que crearon una industria con características propias.

En ninguna otra parte ocurrió algo similar. La ciudad era una fábrica. Unos vendían la lana, otros tejían, otros cosían, remallaban, terminaban y comercializaban. Era un trabajo común, con procesos individuales y cada uno cobraba su trabajo en forma independiente. Era un sistema comunitarista, donde nadie era dueño del sistema pero todos ganaban con él.

Cuando se instalaron grandes fábricas donde se realizaba todo el proceso en un solo lugar y el capital se hizo cargo de la industria comenzó la decadencia del tejido,murió la creatividad de cada tejedor y copiarle el producto al vecino se hizo común. Así, cuando llegaban los compradores a buscar novedades de temporada hallaban las mismas prendas en todas las tiendas. Esa fue la causa de la decadencia, además de los tejidos chinos, las fibras de mala calidad y otras variables, que terminaron por sepultar esta industria liguana.

Esa época ya no volverá y hay que asumirlo con valentía e imaginación. Necesitamos una nueva generación que piense en cómo desarrollar una forma de crear riqueza tal como lo hicieron una vez Francisco Delgado Troncoso y Yolanda Salez Jadur. Ese es el desafío.



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