EL Observador

9:43 hrs. Viernes 24 de junio de 2016 Pedro Pablo Gac Becerra

El guerrero inmortal en Quillota

Nunca me ha entusiasmado mucho la narrativa militar. Las grandes biografías de generales y soldados valerosos e incorruptibles me producen un sueño repentino y espeso, sin embargo, los recuerdos bélicos también atesoran verdaderas joyas literarias. Una de las cuales ha quedado al descubierto en "Un veterano de tres guerras" el relato autobiográfico de José Miguel Varela, joven abogado sureño del siglo XIX, envuelto en los principales conflictos de la historia de nuestro país.

Su testimonio ha cautivado a miles de lectores, tanto por su sencillez como por la sinceridad de un hombre, que, sin esperar nada a cambio, motivado solo por el amor a su Patria se transforma en oficial de ejército, combatiendo en desiertos y selvas lejanas, soportando enfermedades y peligros con estoicismo y madurez admirables. Su relato de las batallas en que participó estremece por la minuciosa descripción de las cargas de caballería y por los hombres que va matando con profundo dolor. Mención especial merecen también su exposición sobre las condiciones en que padecían y morían los heridos en los hospitales de campaña y la tierna relación que existió entre el oficial y su caballo "Carboncillo" del que se despide entre lágrimas cuando deben separarse.

No tengo en mi memoria un relato más vívido y valioso del avance de las tropas chilenas en la Guerra del Pacífico. Gran acierto de la Academia de Historia Militar que publicó este libro y, por supuesto de Guillermo Parvex, su paciente compilador; pero quizás lo más interesante, es que en los distintos capítulos aparecen lugares de nuestra región: Calle Larga, San Felipe, La Calera y claro está, Quillota, que ocupa un espacio muy importante ya que es el lugar donde se desarrollan los momentos más dramáticos de la Guerra Civil de 1891, donde a Varela también le ocupa una tarea muy importante: acompañar al Presidente Balmaceda hasta un refugio seguro y acogedor, quizás, demasiado humilde para el Presidente de Chile, en opinión del héroe, la casa del jefe de la estación de ferrocarriles de nuestra ciudad

En aquellas páginas, existe un ejemplo, de aquellos seres humanos, probos y decididos, que añora nuestra sociedad. Ojalá nuestros jóvenes se empaparan de aquellos viejos ideales, ojalá "wasapearan" menos y leyeran más.



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